Consecuencias del aumento del consumo de alcohol y enfermedad hepática asociada durante la pandemia de COVID-19

Consecuencias del aumento del consumo de alcohol y enfermedad hepática asociada durante la pandemia de COVID-19

La pandemia por coronavirus-2019 (COVID-19) ha tenido un tremendo impacto global desde que comenzó en noviembre de 2019. Sin embargo, es preocupante el hecho de que la pandemia de COVID-19 no afectará a todos por igual y algunas personas serán especialmente vulnerables.

En relación al riesgo, los pacientes con trastorno por consumo de alcohol (AUD, en sus siglas en inglés) y enfermedad hepática asociada con el alcohol (ALD, en sus siglas en inglés) podrían estar entre las poblaciones más afectadas.

Las razones para ello son: un mayor riesgo de infección grave por COVID-19 debido a un sistema inmunitario deprimido y otras comorbilidades subyacentes de alto riesgo (obesidad, hipertensión, diabetes, etc.), el efecto nocivo de COVID-19 en el hígado, la imposibilidad de acudir a las visitas médicas de seguimiento, el cambio de orientación de los recursos hospitalarios (UCIs COVID, consejos para evitar visitas a urgencias, etc.), mayores riesgos percibidos y el aislamiento social que puede favorecer alteraciones psicológicas y aumento de consumo de alcohol o recaídas.

Como resultado, se espera que habrá un aumento en las recaídas en el consumo dañino de alcohol, ingresos por enfermedad hepática por alcohol descompensada y un aumento en pacientes que se diagnosticarán de enfermedad por consumo de alcohol y ALD post-pandemia COVID-19. Los centros de hepatología deberían implementar estrategias preventivas online (teleconsultas) y otros programas enfocados a pacientes para frenar este problema anticipadamente.

En conclusión, se teme que la pandemia de COVID-19 será especialmente perjudicial para los pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol y se deberían tomar medidas anticipadamente para limitar el alcance de este problema.

Consecuencias de COVID-19 en los pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol, AUD / ALD: “Quédate en casa” y distanciamiento social

Las ramificaciones médicas indirectas de COVID-19 entre los pacientes con AUD y ALD son problemáticas. Debido a las regulaciones de “quedarse en casa” que se han implementado en todos los países con el objetivo de reducir la propagación viral, las personas se han visto obligadas a aislarse socialmente en el hogar y a seguir los consejos de “distancia social”. Incluso se han impuesto sanciones monetarias para hacer cumplir estas regulaciones.

Los pacientes con AUD ahora ya no tienen un tiempo estructurado que era su rutina para realizar actividades no relacionadas con el alcohol. Estas actividades podían ser deportes u otras actividades de ocio y ayudaban a compensar la tentación de beber. Sin un tiempo estructurado, los pacientes no tienen nada para ocupar su tiempo y pueden sucumbir a la recaída del alcohol. Muchos pacientes con AUD también se ven privados de su apoyo familiar y social y obligados a quedarse en casa. Éstas son fuentes importantes de esperanza y autoestima en la vida de los pacientes con AUD. Los programas conductuales en los que el asesoramiento grupal es la piedra angular de la terapia, como los programas de prevención de recaídas por alcohol y Alcohólicos Anónimos, no están disponibles. Esto exacerba el aislamiento social y la ansiedad y altera aún más la infraestructura terapéutica y las rutinas, con un mayor riesgo de recaída del paciente. Se está viendo que los pacientes con AUD están luchando por mantenerse sobrios a pesar de años de sobriedad porque sus reuniones ahora se cancelan.

Además, la pandemia de COVID-19 tiene un impacto psicológico significativo. Wang y col. mostraron que más de la mitad de la población que encuestaron en China presentaban depresión, ansiedad y/o estrés. Éstos son factores desencadenantes comunes para el aumento del consumo de alcohol como una forma de automedicación que es probable que afecte fuertemente a los pacientes con AUD y ALD quienes ya están en alto riesgo de desempleo y otros estresores sociales/financieros.

La influencia de COVID-19 en AUD / ALD: Las influencias sociales de beber

La pandemia de COVID-19 ha creado un ambiente que favorece el consumo de alcohol.

Las aplicaciones de redes sociales como Twitter e Instagram, se han convertido en canales populares y se están utilizando las redes sociales para publicar recetas de cócteles. También está circulando información errónea sobre el alcohol y la COVID-19, con informes falsos en los medios de comunicación de que las bebidas alcohólicas pueden reducir el riesgo de contraer COVID-19.

Es preocupante que las compras de licor se hayan disparado con un aumento de las ventas en comparación con la misma época del año pasado. Drizly, una plataforma de comercio electrónico de alcohol que opera en más de 100 mercados en los Estados Unidos y Canadá ha visto un aumento del 300% en las ventas durante COVID-19. Curiosamente, un fenómeno similar se ha visto previamente con trastornos sociales previos, como las caídas del mercado de valores de 1987 y 2008-2009. Este aumento en el consumo de alcohol en el hogar debido al aislamiento social se ve contrarrestado por la falta de alcohol en bares y restaurantes. Sin embargo, este cambio también reduce el coste por unidad de alcohol, lo que puede aumentar el riesgo de consumo nocivo, ya que los consumidores excesivos de alcohol tienden a comprar el alcohol más barato.

Temores sobre COVID-19 y AUD / ALD: ¿Qué va a suceder?

Como resultado de todas las inquietudes anteriores, se esperan más recaídas en el consumo dañino de alcohol, así como un aumento de diagnósticos de pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol, AUD y ALD, después de que se relajen las órdenes de permanecer en el hogar. Entre los pacientes con ALD preexistente, se teme que habrá un elevado número de ingresos por descompensación de enfermedad hepática por consumo de alcohol, ALD. Debido al impacto del distanciamiento social sobre la recaída del alcohol en AUD, se espera que COVID-19 afecte a los pacientes con ALD mucho más que otros tipos de enfermedad hepática crónica, CLD. Estos pacientes representarán un nuevo reto y para los programas de trasplante hepático y para las unidades de hepatología que se están reiniciando después del paréntesis de COVID-19.

¿Qué se puede hacer ahora?

La telemedicina (consulta online, llamada de teléfono, email) y los servicios de mensajería segura son las principales modalidades para comunicarnos que se encuentran a nuestro alcance. Estos servicios se pueden usar para proporcionar asesoramiento sobre el alcohol y tratamiento de adicciones, y dar a los pacientes una atención con acceso 24/7, permitiendo una vigilancia más cercana de los pacientes en riesgo de descompensación y recaída. Un estudio piloto reciente ha demostrado que la atención especializada en hepatología se puede brindar de manera efectiva a través de telemedicina a comunidades distantes y que no disponen de servicios de hepatología. Los equipos sanitarios deberían programar visitas de telemedicina más frecuentes para los pacientes en riesgo para mitigar los efectos del aislamiento social y la interrupción del tratamiento crónico. Los programas también deberían identificar de manera proactiva y llegar a los pacientes que anteriormente se consideraban estables y abstinentes, ya que estos pacientes pueden tener un mayor riesgo de recaída y descompensación.

A pesar de estas ventajas, en la actualidad la telemedicina tiene limitaciones por la iniciativa del paciente, el conocimiento tecnológico del personal y los pacientes, y la disponibilidad limitada de telemedicina por falta de acceso a Internet. Además no todos los pacientes tienen ordenadores o teléfonos inteligentes por lo que no van a tener acceso a las visitas por vídeo de telemedicina y, por lo tanto, los equipos sanitarios deberían realizar las visitas telefónicas cuando sea posible. A pesar de estas limitaciones, los servicios de telemedicina parecen prometedores, por lo que los programas de trasplante y hepatología deberían aumentar sus capacidades tanto como sea posible. La telepsiquiatría es otra modalidad que funciona para aquellos pacientes que tienen problemas de abuso de sustancias.

Está claro que la mejora de los servicios de telemedicina tendrá un impacto positivo significativo a largo plazo en la atención al paciente y que persistirá incluso después de esta pandemia.

Sugerimos que los programas consideren la planificación para la implementación de clínicas multidisciplinarias e integradas para la prevención y el tratamiento del consumo dañino de alcohol y para prepararse para el aumento esperado de pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol (compensados y/o descompensados), AUD y ALD después de COVID-19. Las estrategias prácticas para la situación actual incluyen objetivos tan simples como: 1) asegurar que haya reservas disponibles de los medicamentos esenciales, 2) refuerzo de la abstinencia de alcohol para las personas con ALD, y 3) reducción de daños y asesoramiento sobre los riesgos del consumo de alcohol en pacientes con enfermedad hepática crónica de origen no alcohólico, no ALD. Los centros de trasplante hepático y de hepatología, precisan formular una estrategia para combatir las difíciles circunstancias posteriores a COVID-19 que seguramente surgirán.

En previsión de la marea creciente esperada de pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol (compensados y/o descompensados), ALD y AUD, los programas deberían acercarse proactivamente a los pacientes ahora para verificar cómo están pasando la situación y para asegurarse de que estén físicamente bien y ofrecerles apoyo de cualquier manera posible. La formulación de una estrategia de trabajo es especialmente importante porque ésta puede no ser la única ola de infección por COVID-19.

 

Fuente: Hepatology

Referencia: https://doi.org/10.1002/hep.31307

Artículo traducido y adaptado por ASSCAT

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Interacciones de los AAD con abuso de opioides, alcohol o drogas ilícitas en pacientes infectados con VHC

Interacciones de los AAD con abuso de opioides, alcohol o drogas ilícitas en pacientes infectados con VHC

Las infecciones virales crónicas por hepatitis C son un problema de salud importante, con aproximadamente 1,75 millones de casos nuevos en todo el mundo (estimación de 2015).

La prevalencia del virus de la hepatitis C (VHC) es variable globalmente: alrededor del 0,1%‐1,0% en países europeos, 2,0%‐6,5% en Asia Central y hasta el 7,0% en países africanos. En los países occidentales, la principal fuente de las nuevas infecciones por el VHC es el uso de drogas intravenosas, lo que causó 390.000 nuevos casos en 2015. Las personas con trastornos por el uso de sustancias (PWSUD, en sus siglas en inglés) constituyen la mayoría de los casos de VHC incidentes (nuevos) (75%) y prevalentes (crónicos) (80%) en regiones de altos ingresos.

Desde 2014, el desarrollo de los antivirales de acción directa (AADs) revolucionó el tratamiento de las infecciones crónicas por el VHC, con tasas muy elevadas de respuesta virológica sostenida (RVS) >95% y una menor duración del tratamiento (8 a 12 semanas). Los regímenes disponibles actuales consisten en combinaciones de fármacos fijos pangenotípicos (sofosbuvir / velpatasvir o glecaprevir / pibrentasvir), o en un régimen alternativo específico de genotipo que incluye sofosbuvir, ledipasvir, daclatasvir, grazoprevir / elbasvir y triterapia con la asociación de dosis fija de sofosbuvir / velpatasvir / voxilaprevir.

En personas con trastornos por el uso de sustancias, la erradicación del VHC podría disminuir la transmisión del virus, reduciendo la tasa de infección. Sin embargo, se han identificado varias barreras para la terapia del VHC, como la alta tasa de trastornos psiquiátricos (psicosis y depresión), mala adherencia, uso continuo de sustancias, incluido el consumo de alcohol, respuestas más bajas a la terapia, precio de los medicamentos y el riesgo de reinfección. El riesgo de interacciones de los AAD con medicamentos utilizados en trastornos de sustancias, como la terapia de sustitución de opioides (OST), así como con drogas ilícitas o recreativas. Las sustancias nacionales (cocaína, alcohol) pueden constituir una barrera para el acceso a los AAD en personas con trastornos por uso de sustancias.

Los AAD podrían estar sujetos a interacciones entre medicamentos (DDI, en sus siglas en inglés), ya que se transforman por enzimas metabólicas y sustratos de los transportadores. Recientemente se ha revisado la evidencia con respecto a la DDI relevante con la mayoría de los posibles medicamentos recetados concomitantemente.

Resumen

La prevalencia del virus de la hepatitis C (VHC) es extremadamente alta en pacientes que consumen y se inyectan drogas ilícitas. Las preocupaciones sobre la mala adherencia y el miedo a la interacción con el abuso de drogas podrían constituir un motivo de desaliento adicional para el inicio del tratamiento en estos pacientes. En el artículo se discute la farmacocinética y la farmacodinámica de los AAD prescritos actualmente (inhibidores de NSA5: daclatasvir, elbasvir, ledipasvir, pibrentasvir, velpatasvir; inhibidor de NS5B: sofosbuvir; inhibidores de la proteasa NS3 / 4A: glecaprevir, grazoprevir, y voxilaprevir), y las sustancias de abuso más comunes (opioides: buprenorfina, fentanilo, heroína, metadona, morfina, oxicodona; estimulantes: anfetaminas, catinonas, cocaína; cannabinoides; etanol).

En general, la mayoría de los AAD son sustratos e inhibidores de la glucoproteína P transportadora transmembranosa (P-gp), y varios de ellos son metabolizados por enzimas citocromo P450. Las interacciones clínicamente relevantes están asociadas con los moduladores de P-gp y de CYP3A. La mayoría de las sustancias de abuso son eliminadas por las enzimas metabolizadoras de Fase I y Fase II, pero ninguna de ellas son inhibidores o inductores importantes. Los estudios de farmacocinética no mostraron interacciones relevantes entre AADs y buprenorfina. En base a consideraciones farmacológicas, no se espera pérdida de eficacia ni eventos adversos del fármaco asociado a una interacción perjudicial con opioides, estimulantes, cannabinoides y etanol. En resumen, la revisión de la literatura que presentan los autores muestra que el potencial de interacción de los AAD con la mayoría de los opioides y las drogas ilícitas es limitado y no debería ser un obstáculo para iniciar el tratamiento con AADs.

 

Fuente: Liver International

Referencia: Ing Lorenzini K, Girardin F. Direct‐ acting antivirals interactions with opioids, alcohol or illicit drugs in HCV‐infected patients. Liver Int. 2020;40:32–44. https://doi.org/10.1111/liv.14283

Artículo traducido y adaptado por ASSCAT

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Implicaciones potenciales de COVID-19 en la enfermedad del hígado graso no alcohólico

Implicaciones potenciales de COVID-19 en la enfermedad del hígado graso no alcohólico

COVID-19 sobrecarga a todas las áreas de la atención médica, y especialidades. En este artículo se analizará la relación entre COVID-19 con una posible afectación hepática.

Los artículos publicados recientemente por autores chinos, describen muy bien la lesión hepática resultante de COVID-19, el enfoque se centra en pacientes sin enfermedad hepática preexistente, a pesar de que se ha sugerido que las condiciones preexistentes afectan a la COVID-19.

Cada vez está más clara la relación entre el síndrome metabólico: obesidad, diabetes e hipertensión con una mayor tasa de mortalidad de COVID-19. Estas enfermedades a menudo se tratan con inhibidores de la ACE, que podrían regular la expresión de la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2). La enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD, en sus siglas en inglés) está relacionada con las manifestaciones extrahepáticas del síndrome metabólico y es en la actualidad uno de los trastornos hepáticos más comunes. La ACE2 es un enzima que normalmente se expresa en pequeñas cantidades en colangiocitos y hepatocitos, pero se demostró que aumenta el daño hepático crónico y también en estudios experimentales de laboratorio relacionados con NAFLD inducida por la dieta.

Si bien en condiciones normales, la ACE2 puede ejercer efectos antiobesidad y antiinflamatorios, también es un mecanismo de entrada para el SARS-CoV-2 en el organismo. Por lo tanto, la hipótesis es que el tratamiento con inhibidores de la ACE y posiblemente el síndrome metabólico en sí mismo podrían conducir a una lesión hepática, un aumento de la carga viral y a empeorar los efectos de COVID-19.

 

Referencia: doi: 10.1111/LIV.14484

Artículo traducido y adaptado por ASSCAT

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COVID-19 y programas de eliminación de las hepatitis víricas: ¿Estamos retrocediendo?

COVID-19 y programas de eliminación de las hepatitis víricas: ¿Estamos retrocediendo?

La Organización Mundial de la Salud estableció como objetivo la eliminación de la hepatitis viral en 2030. Esto significa que el número de personas diagnosticadas y tratadas debe reducirse en un 90% y la mortalidad relacionada en un 65%.

Los programas de eliminación comprenden diferentes apartados, como las pruebas diagnósticas, los tratamientos, la vacunación frente al virus de la hepatitis B (VHB), la prevención de la transmisión de las hepatitis de madre a hijo, la seguridad de las transfusiones de sangre y la reducción de daños.

Ahora, COVID-19 se está extendiendo rápidamente por todo el mundo y más de un millón de personas ya han sido afectadas por este virus. Si bien todas las atenciones se centran ahora en conseguir medicamentos y vacunas eficaces para COVID-19, no debemos olvidar otros virus y enfermedades. Aunque la COVID-19 parece no afectar totalmente el programa de eliminación, como la vacuna contra el VHB, que previene la transmisión de madre a hijo y la seguridad de la sangre, algunas actividades del programa de eliminación pueden verse gravemente alteradas por esta infección. La cuarentena y el distanciamiento social por la COVID-19 pueden repercutir en el diagnóstico, el tratamiento y los programas de reducción de daños.

La información y concienciación de las personas juega un papel importante en los programas de eliminación de las hepatitis víricas, ya que conduce a una mayor búsqueda de casos. Por lo tanto, la tasa de diagnóstico parece reducirse al disminuir las actividades voluntarias como el programa NOhep. Además, la incidencia de hepatitis vírica puede aumentar por el probable cierre de centros de reducción de daños. Asimismo, el tratamiento de pacientes con hepatitis vírica puede verse influenciado por el cierre de clínicas privadas y la disminución del número de visitas no urgentes.

Los entornos de atención primaria y los médicos de cabecera, que tienen un papel esencial en la eliminación de las hepatitis, ahora se están centrando en la pandemia de COVID-19 y este cambio puede reducir las tasas de diagnóstico y tratamiento de los pacientes con hepatitis. También, la investigación publicada en relación con la hepatitis en PubMed (utilizando el término de búsqueda de “Hepatitis [tiab]”) en los primeros tres meses de 2019 (n = 3.759) en comparación con el mismo período en 2020 (n = 2.756) muestra una reducción de 1.003 documentos. Esto puede verificar una idea sobre el impacto de COVID-19 en los programas de eliminación de hepatitis vírica.

Hoy, estamos luchando con una importante amenaza a la salud pública, COVID-19, que ciertamente necesita atención especial. Pero se debería ser más cuidadoso con los logros alcanzados anteriormente en salud pública. Si no es posible avanzar sobre ellos en estos días de COVID-19, al menos se deberían mantener en la situación actual y evitar retroceder para alcanzar el objetivo de la eliminación de las hepatitis víricas para 2030.

 

Referencia: doi: 10.1111/LIV.14486

Artículo traducido y adaptado por ASSCAT

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Recomendaciones provisionales del Grupo de Trabajo ASHM COVID-19 con respecto a las personas que están encarceladas en entornos de justicia penal durante la pandemia de la COVID-19, incluidas aquellas que viven con VIH, hepatitis B y hepatitis C

Recomendaciones provisionales del Grupo de Trabajo ASHM COVID-19 con respecto a las personas que están encarceladas en entornos de justicia penal durante la pandemia de la COVID-19, incluidas aquellas que viven con VIH, hepatitis B y hepatitis C

Este documento de la ASHM está diseñado para proporcionar información actual y relevante a los médicos y otros proveedores de atención médica para optimizar la salud y el bienestar de las personas encarceladas en entornos de justicia penal durante la pandemia de COVID-19, incluidas las que viven con VIH, hepatitis B, o hepatitis C.

Las recomendaciones proporcionadas se basan en las opiniones de los autores y no pretenden ser pautas explícitas para el estándar de atención o práctica. Este documento no refleja una revisión sistemática de la evidencia, pero se revisará para incluir los hallazgos relevantes de la revisión sistemática futura del Grupo de Trabajo de Evidencia Clínica Nacional COVID-19 y otra información relevante.

Contexto

El SARS-CoV-2 se propaga a través de gotitas en el aire o por contacto con superficies contaminadas y causa infección asintomática y enfermedad clínica. La prevención de la infección con este virus requiere la capacidad de mantener el distanciamiento social, realizar una higiene de manos regular y la oportunidad de poner en cuarentena de manera adecuada a las personas con enfermedad comprobada o sospechada de COVID-19, o aquellas que han estado en contacto con alguien recientemente diagnosticado con COVID-19. Dado el entorno físico limitado y las restricciones del movimiento de personas, y en el contexto de que muchos sistemas penitenciarios se encuentran en la capacidad o más allá de ella, es muy probable que las cárceles experimenten brotes de SARS-CoV-2, que ya ha ocurrido, como se ya se ha informado y reportado. Como resultado, se ha pedido el descarcelamiento de las poblaciones carcelarias y la optimización de las medidas de control de infecciones en las cárceles para prevenir y tratar las infecciones por SARS-CoV-2.

En Australia, se envió una carta abierta escrita por académicos y abogados a los gobiernos australianos en relación con COVID-19 y el sistema de justicia penal. El Director Ejecutivo de la ASHM es signatario de esta carta.

El Grupo de Trabajo ASHM COVID-19 respalda todas las recomendaciones de la reciente carta abierta a los gobiernos australianos sobre COVID-19 y el sistema de justicia penal.

En particular, como resultado del respaldo de esta carta abierta, el Grupo de Trabajo ASHM COVID-19 respalda lo siguiente:

1) La liberación anticipada (descarcelamiento) de prisioneros, incluidos aquellos que viven con VIH, hepatitis B o hepatitis C, que:

  • Corren un mayor riesgo de daño por COVID-19 debido a la edad y/o comorbilidades o inmunosupresión como una complicación del VIH, hepatitis B o C.
  • Son niños o jóvenes.
  • Han sido detenidos por delitos sumarios (por ejemplo, manejo ilegal; desorden público; multa por incumplimiento); delitos contra la propiedad; delitos de drogas no violentos; asalto común; e incumplimiento de los procedimientos de justicia.
  • Es probable que salgan en los próximos seis meses.

El Grupo de Trabajo de la ASHM reconoce que las circunstancias sociales y de vida de todas las personas, incluidas las que viven con VIH, hepatitis B o hepatitis C que salen de prisión serán estresantes e incluirán dificultades para cumplir con las pautas de distanciamiento social. Este puede ser particularmente el caso de liberaciones repentinas e inesperadas que pueden ocurrir durante la pandemia de COVID-19. Por lo tanto, la ASHM Taskforce también hace un llamado para fortalecer los servicios de reintegración de la prisión a la comunidad para garantizar que las personas liberadas sean custodiadas, vestidas, alimentadas y tengan acceso a medicamentos, incluido el VIH, la hepatitis B y la hepatitis C, para apoyar su capacidad de socializar, manteniendo la distancia y la salud personal y el bienestar. Además, a la luz de su sobrerrepresentación en las cárceles australianas, se deben desarrollar estrategias para garantizar que los aborígenes y los isleños del estrecho de Torres que son liberados de la prisión reciban un apoyo culturalmente apropiado para lograr estos resultados. Las estrategias de soporte posteriores al lanzamiento también deben considerar una capacidad potencialmente reducida dentro de las agencias sin fines de lucro que generalmente ofrecen servicios posteriores al lanzamiento y consultar con estas agencias sobre las mejores formas de mejorar sus capacidades de respuesta.

El Grupo de Trabajo de la ASHM también reconoce la sobrerrepresentación de las personas con antecedentes de consumo de drogas inyectables en las cárceles australianas y que estas personas tienen un riesgo históricamente mayor de contraer VIH, hepatitis B o hepatitis C. Las interrupciones en el suministro de drogas en prisión y la comunidad pueden, por lo tanto, aumentar los riesgos para la salud (por ejemplo, una sobredosis) para las personas liberadas de prisión. El Equipo de Trabajo de la ASHM, por lo tanto, pide una mayor capacidad para iniciar y mantener prisioneros y aquellos liberados de prisión en terapia de sustitución de opioides (OST) y para fortalecer o implementar programas de Naloxona para llevar a casa y programas educativos de prevención de sobredosis.

2) Para que se establezcan sistemas que permitan al personal y a todos los reclusos, incluidos los que viven con VIH, hepatitis B o hepatitis C, adoptar los mejores procedimientos de control de infecciones que incluyen el saneamiento de manos, el distanciamiento social (respaldado por una reducción en el riesgo de exposición a través de disminución de la población carcelaria) y medidas de cuarentena para los presos.

  • La Red Australiana de Enfermedades Transmisibles de Australia (CDNA) ha proporcionado información sobre las mejores prácticas para la prevención y el tratamiento de brotes de COVID-19 en establecimientos correccionales y de detención.
  • Los médicos que atienden a todas las personas que están encarceladas, incluidas las que viven con VIH, hepatitis B o hepatitis C, deben evaluar si el centro correccional que aloja a sus pacientes está adoptando estas pautas nacionales de CDNA y, además, deben abogar por un aislamiento adecuado para todos los presos con sospecha de o enfermedad comprobada de COVID-19.

El Grupo de Trabajo de la ASHM también pide una cuidadosa consideración de las condiciones bajo las cuales los prisioneros afectados están aislados a la luz de la salud mental de los presos y/o experiencias previas de confinamiento solitario en prisión. Cabe destacar que los problemas de salud mental son frecuentes en las poblaciones que viven con el VIH y la hepatitis C. Las prácticas de distanciamiento social y cuarentena deben tener en cuenta los principios de derechos humanos y evitar, en la medida de lo posible, las condiciones que colocan a los prisioneros en un aislamiento sostenido similar al confinamiento solitario. Estas consideraciones deberían aplicarse particularmente a los presos, incluidos los que viven con VIH, hepatitis B o hepatitis C, con antecedentes de enfermedad mental. Las oportunidades para la participación social sin contacto y los períodos pasados ​​al aire libre deben integrarse en las prácticas de cuarentena de COVID-19 en las cárceles. Además, cuando se han establecido restricciones a las visitas, se debe implementar un mayor acceso a la comunicación sin contacto con familiares y seres queridos, como llamadas telefónicas gratuitas y más frecuentes y comunicación a través de plataformas digitales.

3) Fianzas y sanciones no privativas de la libertad para todos los acusados, incluidos aquellos que viven con VIH, hepatitis B o hepatitis C, que no están clasificados como de muy alto riesgo o que se consideran incapaces de ser gestionados adecuadamente en la comunidad. 

Recomendaciones sobre la optimización de la salud de las personas mayores y/o con comorbilidades y que viven con VIH, hepatitis B o hepatitis C que están encarcelados en entornos de Justicia Criminal:

En la comunidad en general, las personas mayores de 60 años y las personas con comorbilidades que incluyen hipertensión, enfermedad cardiovascular, enfermedad pulmonar, cáncer, diabetes y enfermedad hepática crónica tienen un mayor riesgo de peores resultados con la enfermedad COVID-19. Además, el Departamento de Salud del Gobierno de Australia ha informado que las personas aborígenes e isleños del estrecho de Torres de 50 años o más, con una o más afecciones médicas crónicas, pueden estar en mayor riesgo de contraer la enfermedad grave de COVID-19. Algunas personas con VIH, hepatitis B o hepatitis C pueden tener un mayor nivel de inmunosupresión y/o experimentar otras comorbilidades relacionadas, lo que las hace más vulnerables a la infección por SARS-CoV-2 y la enfermedad COVID-19 más grave. Por lo tanto, las respuestas recomendadas anteriormente deben enfatizarse al responder a las necesidades de los reclusos mayores y/o aquellos con comorbilidades que viven con VIH, hepatitis B o hepatitis C que probablemente tengan un mayor riesgo de peores resultados de la enfermedad COVID-19.

Las medidas para optimizar la salud de estos pacientes deben incluir mantener ambientes libres de humo en prisión y continuar apoyando el abandono del hábito de fumar, alentando el ejercicio adecuado y optimizando el control de la presión arterial y la diabetes. En la actualidad, recomendamos no suspender o cambiar los inhibidores de la ECA o los medicamentos bloqueadores del receptor de angiotensina: no hay evidencia suficiente de que estos agentes aumenten el riesgo de peores resultados de la enfermedad COVID-19 y suspender o cambiar estos agentes puede causar daños. Se necesitará implementar una nueva y creciente capacidad de telemedicina existente (ya sea mediante consultas telefónicas o por vídeo) en las cárceles, junto con sistemas para mantener las citas con los prisioneros y recomendar y alentar activamente a los pacientes para que asistan a las citas de telemedicina con especialistas médicos y de salud aliados. Los médicos deben alentar a los pacientes a considerar la planificación anticipada de la atención, como se discutió en un documento reciente sobre la presentación clínica y el manejo de COVID-19.

Se pueden encontrar más detalles sobre cuestiones específicas relacionadas con las personas que viven con el VIH, la hepatitis B y la hepatitis C durante la pandemia de COVID-19 en los documentos de orientación del Grupo de Trabajo de la ASHM COVID-19 para las personas que viven con el VIH, la hepatitis B o la hepatitis C. Éstos incluyen:

  • La racionalización de la atención.
  • Apoyo al mantenimiento de la salud.
  • Los problemas de salud y bienestar pueden empeorar o surgir durante la pandemia del COVID-19.
  • Preocupaciones actuales de las personas que viven con estos virus transmitidos por la sangre sobre la pandemia de COVID-19.
  • El papel que los antirretrovirales usan para tratar el VIH, la hepatitis B y la hepatitis C en el tratamiento y la prevención de la infección por SARS-CoV-2.
  • Infección por VIH, hepatitis B y hepatitis C y el riesgo de infección por SARS-CoV-2 y enfermedad grave por COVID-19.
  • Definir algunos subgrupos de personas que viven con infección por VIH, hepatitis B y hepatitis C que pueden estar más inmunodeprimidas que otras que viven con estos virus transmitidos por la sangre.
  • Enfermedad COVID-19, embarazo y VIH, hepatitis B y hepatitis C.
  • Enfoque para el manejo de la enfermedad COVID-19 en personas que viven con infección por VIH, hepatitis B y hepatitis C.

Más información:

https://ashm.org.au/covid-19/clinical-care/hiv/

https://ashm.org.au/covid-19/clinical-care/hbv/

https://ashm.org.au/covid-19/cuidado clínico/hcv/

 

Fuente: ASHM Taskforce Preparado por miembros del Grupo del Grupo de Justicia de la Salud y el Presidente del Grupo de Trabajo, Abril 2020).

Artículo traducido por ASSCAT

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Evidencia de maduración de células B pero inmunidad no entrenada en lactantes no infectados expuestos al virus de la hepatitis C

Evidencia de maduración de células B pero inmunidad no entrenada en lactantes no infectados expuestos al virus de la hepatitis C

ASSCAT, frente al artículo publicado online por la revista Gut. “Evidence for B cell maturation but not trained immunity in uninfected infants exposed to hepatitis C virus”, donde presentan las respuestas inmunes de los niños expuestos al virus de la hepatitis C (VHC) in utero.

Se sabe que el 5% de recién nacidos de madres portadoras del virus de la hepatitis C (VHC) presentarán infección por VHC al nacer. Este riesgo del 5% podría parecer que es bajo, pero en ASSCAT consideramos que sigue representando un problema muy grave para la salud individual y también en cuanto a la Salud Pública, en un momento en el que se dispone de tratamiento curativo con los Antivirales de Acción Directa (AADs) con una elevada eficacia y seguridad. El problema es que el tratamiento con AADs está contraindicado durante el embarazo y se deberían tratar las mujeres jóvenes.

Conocer la respuesta inmunitaria de defensa que presentan los niños que nacen sin la infección habiendo estado expuestos a ella, podría tener interés para proteger a los bebés frente a la transmisión vertical del VHC y para continuar los estudios, por ejemplo, para el diseño de vacunas protectoras, pero de cara a la práctica subraya la importancia de identificar y tratar a las mujeres en edad fértil antes de que queden embarazadas.

Podéis descargar el artículo completo en inglés aquí.

 

Fuente: Revista Gut

Referencia: Lutckii A, Strunz B, Zhirkov a, et al. Gut. doi:10.1136/ gutjnl-2019-320269

Artículo adaptado por ASSCAT

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