Hepatocarcinoma

Sep 17, 2019

INTRODUCCIÓN

El carcinoma hepatocelular (HCC) es el tumor hepático primario más frecuente y la segunda causa de muerte relacionada con el cáncer. La mayoría de los casos se localizan en países en desarrollo, pero su incidencia aumenta en los países occidentales debido a la cirrosis por hepatitis B, C y por EHGNA (Enfermedad Hepática por Grasa No Alcohólica).

Se ha de reconocer que su prevalencia tiende a disminuir en los países occidentales gracias a la vacuna preventiva anti-VHB y al tratamiento curativo anti-VHC, pero se ha de avanzar en mejorar la detección del HCC con los programas de screening en los pacientes en riesgo para ofrecer un tratamiento curativo.

Una complicación muy importante es la cirrosis. Una cuestión básica es qué sabemos sobre lo que se ha de hacer para diagnosticar y tratar el Hepatocarcinoma (HCC).

El carcinoma hepatocelular (HCC o CHC) es el tumor maligno más frecuente originado en el hígado y es una de las principales causas de muerte relacionada con el cáncer en todo el mundo. El HCC es una patología grave y globalmente relevante. En diversos artículos se habla de que es la sexta causa de cáncer y la segunda en mortalidad. Concretamente en 2013, el HCC fue la primera causa de mortalidad por cáncer en Egipto, Arabia Saudita, Ghana, Nigeria y Bangladesh y fue la segunda causa de cáncer en China, India y Filipinas.

La cirrosis, independientemente de la etiología, es el factor de riesgo más importante para el desarrollo de HCC. Las hepatitis B y C son factores de riesgo independientes para el desarrollo de cirrosis y de HCC.

A pesar de los avances en las técnicas de prevención, detección y nuevas tecnologías para su diagnóstico y tratamiento, la incidencia y la mortalidad siguen aumentando por causas diversas. El consumo de alcohol sigue siendo un importante factor de riesgo, ya que la cirrosis por alcohol es más frecuente que la producida por la hepatitis C y además potencia la progresión de la fibrosis en las personas portadoras del VHC y/o de EHGNA.

El diagnóstico de HCC se realiza en los pacientes con cirrosis, por criterios ecográficos y/o radiológicos, sin necesidad de confirmación por biopsia. El cribado incluye pruebas radiológicas con ecografía, tomografía computarizada (TAC) y resonancia magnética (RM), y marcadores serológicos como la α-fetoproteína en intervalos de 6 meses.

Existen diversas modalidades de tratamiento, sin embargo, sólo el trasplante hepático (TH) o la resección quirúrgica son opciones curativas. El TH estaría indicado en pacientes cuyos tumores se hallan dentro de los criterios de Milán. Otras modalidades de tratamiento no quirúrgico son: quimioembolización transarterial (QE), ablación por radiofrecuencia (RF), radioterapia transarterial y quimioterapia sistémica.

La selección de la pauta de tratamiento se basa en el tamaño del tumor, la localización, la extensión extrahepática y la función hepática subyacente. También se tiene en cuenta la edad, la comorbilidad, el estado general, etc. En este proceso es fundamental la participación de un equipo multidisciplinar de profesionales y la información cuidadosa que reciben el paciente y su familia.

El HCC es un cáncer agresivo que, como hemos dicho, se produce en el marco de la cirrosis y lo más habitual es que aparezca en etapas avanzadas. Por lo tanto, al programar una terapia se ha de tener en cuenta que el paciente tiene dos enfermedades: la cirrosis de base y el tumor.

La incidencia del HCC tiene tendencia a aumentar globalmente, ya que aumenta la esperanza de vida de la población, pero algunas medidas que se han ido implementando en los últimos años, como son la vacunación anti-hepatitis B; los bancos de sangre seguros con la selección universal de la sangre y derivados; las prácticas seguras de inyección (material desechable y educación sanitaria); el tratamiento y la educación de las personas alcohólicas y de las personas usuarias de drogas intravenosas (UDI); así como los nuevos tratamientos antivirales, han permitido incidir en la prevención de la transmisión de los virus B y C, aunque no se haya logrado su eliminación.

La mejora continua en los tratamientos quirúrgicos y no quirúrgicos del HCC ha demostrado beneficios significativos en la supervivencia global. Si bien el TH sigue siendo el único procedimiento quirúrgico curativo (puesto que cura el HCC y también la cirrosis), la escasez de órganos disponibles impide que esta terapia se pueda aplicar a muchos pacientes con hepatocarcinoma.

*Para más información (en inglés) clicar en la imagen.

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