El ranking de alimentos ricos en aminoácidos esenciales

El ranking de alimentos ricos en aminoácidos esenciales

Una dieta equilibrada proporciona las proteínas necesarias para el buen funcionamiento del cuerpo.

El aminoácido es una molécula orgánica compuesta por carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno y realiza una actividad muy importante en nuestro organismo, la de generar proteínas. En nuestro cuerpo tenemos aproximadamente un cuarto de millón de proteínas que están compuestas por apenas una veintena de aminoácidos. Nueve de ellos son los aminoácidos esenciales y los otros once son los no esenciales. La diferencia está en que los esenciales sólo podemos obtenerlos a través de los alimentos y los otros puede sintetizarlos nuestro propio cuerpo.

Estas dos categorías de aminoácidos son imprescindibles para que nuestro organismo se mantenga sano. Hay un tercer grupo, el de los aminoácidos condicionales, que interviene ante la llegada de ciertas enfermedades. Los alimentos que provienen de un origen animal son los principales responsables de la generación de los nueve aminoácidos esenciales: histidina, isoleucina, leucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptófano y valina y sólo pueden obtenerse mediante el consumo de alimentos que los contienen. Los alimentos de origen animal son los principales proveedores de este tipo de aminoácidos esenciales que también se consiguen combinando alimentos vegetales.

Los no esenciales son alanina, arginina, asparagina, ácido aspártico, cisteína, ácido glutámico, glutamina, glicina, prolina, serina y tirosina. Y los condicionales son arginina, cisteína, glutamina, tirosina, glicina, ornitina, prolina y serina. Algunas de las principales funciones de los aminoácidos son combatir el estrés y la depresión, ayudar a controlar las infecciones virales y contribuir a la reparación de tejidos dañados, entre otras.

Una dieta equilibrada es aquella que reúne los alimentos suficientes que combinados entre sí nos proveen de los aminoácidos esenciales necesarios. Esta es una relación de los alimentos que pueden cumplir esta función. En general, las carnes magras, los huevos y los lácteos tienen en total todos los aminoácidos esenciales y no esenciales.

Entre los alimentos de origen animal con mayor riqueza de isoleucina, valina, leucina, fenilalanina, treonina, metionina, histidina y lisina encontramos algunos como cerdo, ternera, pollo, salmón, atún y sardina. Para completar tenemos alimentos ricos en triptófano como pollo, pavo, conejo, salmón, sardinas, bacalao y atún. Los productos lácteos también son portadores de la inmensa mayoría de aminoácidos esenciales. Por su parte, el huevo contiene isoleucina y valina.

Hay alimentos vegetales ricos en aminoácidos como los garbanzos, la soja, las alubias, el trigo sarraceno o los pistachos. Además, poseen todos los aminoácidos esenciales, frente a otros que tienen algunas carencias como las lentejas, los cereales y el arroz.

 

Fuente: lavanguardia.com

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La eliminación de la hepatitis C en prisiones es posible con el diagnóstico precoz

La eliminación de la hepatitis C en prisiones es posible con el diagnóstico precoz

GEHEP (Grupo de Estudio de Hepatitis Víricas) y SESP (Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria) han organizado, con el apoyo de Gilead, la jornada ‘Innovación en la atención de los pacientes con hepatitis C dentro del muro de prisiones’.

Compartir conocimiento y debatir sobre el manejo de las enfermedades hepáticas, así como impulsar la investigación y la innovación científica en este ámbito son aspectos clave para lograr que nuestro país sea uno de los primeros en el mundo en conseguir eliminar la hepatitis C.

Ésta es una de las principales conclusiones a las que se ha llegado durante la celebración de la jornada ‘Innovación en la atención de los pacientes con hepatitis C dentro del muro de prisiones’. Una reunión organizada por GEHEP (Grupo de Estudio de Hepatitis Víricas) y SESP (Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria), con el apoyo de Gilead, en la que se ha analizado a fondo y compartido la situación actual en las prisiones españolas, así como definido los retos de cara a la eliminación de este virus en España.

Cuando un interno de nuevo ingreso entra en un centro penitenciario con hepatitis C, lo más importante es curar el virus para que no progrese su hepatopatía y no haya contagios secundarios.

Así lo ha indicado el doctor Miguel García Del Toro, del Hospital General Universitario de Valencia y presidente de GEHEP, “ya que no se puede hacer asistencia presencial en estos momentos, lo importante es insistir en hacer screening del virus de la hepatitis B, la hepatitis C y el VIH a todos los internos que ingresan y trabajar conjuntamente los médicos y la enfermería. Los internos son muy agradecidos, cuando se les diagnostica el virus C quieren aprovechar la estancia en el centro para curarse la hepatitis. El muro de prisiones es el momento ideal para tratar esta patología”.

Por su parte, el doctor José Joaquín Antón, del Centro Penitenciario Albolote de Granada y presidente de SESP, ha explicado que “los principales retos de la hepatitis C a los que nos enfrentamos en estos momentos dentro del muro de prisiones son conseguir diagnosticar a todos los reclusos haciéndoles el estudio lo más rápido posible y poder iniciar así los tratamientos de forma temprana”. El objetivo de eliminar la hepatitis C es alcanzable y factible, “si eliminamos la hepatitis C ayudamos a la salud pública y más en estos momentos en los que los hospitales están desbordados, quitaríamos presión asistencial”, ha añadido el doctor Antón.

Sin duda, la pandemia por la COVID-19 ha impactado en la práctica clínica diaria de los centros penitenciarios y ha provocado una modificación en los circuitos de manejo y atención de los pacientes con otras patologías como la hepatitis C. En marzo se paralizó toda la actividad y se dio prioridad al SARS-CoV-2 por lo que disminuyeron de forma notable los nuevos diagnósticos del virus C.

De hecho, las prisiones han sido uno de los lugares en los que más cuidado se ha tenido a lo largo de la pandemia para evitar contagios. Según el doctor García, “si hay un positivo entre los internos se podría expandir el virus rápidamente y producir un gran brote. En la cárcel de Picassent de Valencia, donde hay 2.100 reclusos, hacemos todas las semanas una reunión del comité de salud pública del hospital y del centro penitenciario e incluso hemos hecho comités mixtos con la Unidad Militar de Emergencias (UME) para que, en caso de que hubiera un brote importante, se montara un hospital de campaña en uno de los dos patios de los que disponemos”.

Además, el doctor García ha añadido que “la COVID-19 ha imposibilitado la asistencia presencial de los pacientes ya que si algún interno acude al hospital o cualquier otra consulta le tienen que poner en cuarentena un período de 10 días. Asimismo, el último día se le hace una PCR para estar seguros de que puede abandonar el aislamiento sin suponer ningún riesgo para él y el resto de los compañeros”.

Los expertos también han querido señalar el importante papel de los profesionales de enfermería en el abordaje de los pacientes hepáticos. “Estamos viviendo una época en la que, por razones administrativas, por no estar integrados en el SNS, tenemos pocos facultativos en las prisiones y no hay relevo generacional por lo que mucho peso del diagnóstico lo tiene que llevar la enfermería: analíticas, control y seguimiento de pacientes, derivaciones a los médicos, etc.”, ha explicado el doctor Antón.

Gilead ha colaborado con GEHEP y SESP en la organización de esta sesión como parte de su compromiso con la formación médica continuada para seguir avanzando en la resolución de las necesidades médicas de los pacientes internados en centros penitenciarios.

La jornada ‘Innovación en la atención de los pacientes con hepatitis C dentro del muro de prisiones’ ha sido moderada por el doctor Miguel García Deltoro, del Hospital General Universitario de Valencia y el doctor Pablo Saiz de la Hoya, del Centro Penitenciario Foncalent de Alicante; y ha contado con la participación del doctor Andrés Marco, del Programa de Salud Penitenciaria ICS (Instituto Catalán de Salud) de Barcelona; el doctor José Joaquín Antón, del Centro Penitenciario Albolote de Granada; el doctor Carlos Mínguez, del Hospital La Magdalena de Castellón; la doctora Susana Llerena, del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Cantabria; y Juan Antonio González, del Centro Penitenciario Campos del Río de Murcia.

 

Fuente: consalud.es

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Llega un test no agresivo que detecta el hígado graso

Llega un test no agresivo que detecta el hígado graso

Investigadores españoles demuestran en un estudio que el cribado rutinario en los centros de salud detecta la fibrosis hepática de forma precoz y es coste-efectiva.

Cuando dan la cara puede ser tarde. Hablamos de las enfermedades del hígado tanto por depósito de grasa (hígado graso no alcohólico, EHGNA) como las relacionadas con el consumo de alcohol. Ambas son actualmente las principales causas de cronificación, cáncer y mortalidad relacionadas con este órgano en países desarrollados. Sin embargo, investigadores españoles acaban de constatar que el chequeo rutinario (cribado) en las consultas de atención primaria puede ser eficaz para su detección precoz.

Uno de cada tres adultos europeos y uno de cada diez niños y adolescentes sufren de hígado graso.

El hígado graso se produce porque el tejido normal del órgano es reemplazado por más de un 5-6%, lo que puede causar inflamación, muerte celular y cicatrices (una condición denominada esteatohepatitis). Y cuando se deja sin tratar, puede conducir a la fibrosis hepática, que causa una disminución del flujo sanguíneo a través del hígado y una acumulación de tejido cicatricial. Sin tratamiento, la fibrosis de hígado puede llevar a cirrosis, fallo hepático y cáncer.

Se estima que uno de cada tres adultos europeos y uno de cada diez niños y adolescentes sufren de hígado graso. El problema es que su prevalencia no ha dejado de aumentar en los últimos años, de tal forma que se ha convertido en la primera causa de enfermedad hepática en Europa. Y uno de los motivos es porque está claramente relacionado con la obesidad y diabetes tipo 2, cuya incidencia también han aumentado.

Los enfermos en fases avanzadas tienen mal pronóstico tanto en supervivencia como en calidad de vida. De forma similar al cáncer, las enfermedades hepáticas en estadios prematuros no causan síntomas y, por tanto, la mayoría de pacientes se diagnostican en estadios avanzados. Sin embargo, hay una falta de estrategias de cribado en el ámbito de la salud pública para la detección de la fibrosis hepática.

Un estudio publicado en el Journal of Hepatology, elaborado dentro del consorcio europeo LiverScreen, con la participación del Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES-UPF) y el Hospital Clínic de Barcelona, conjuntamente con expertos de varias universidades internacionales en el marco del proyecto LiverScreen, se ha propuesto explorar la rentabilidad de una estrategia de cribado en atención primaria de la elastografía transitoria (ET). Se trata de una prueba no invasiva que evalúa la elasticidad y la rigidez hepática mediante ultrasonidos, como método de cribado para detectar la fibrosis hepática.

“La implementación de un programa de cribado para la detección de fibrosis hepática en los centros de atención primaria es una intervención altamente coste-efectiva. Este planteamiento podría representar una valiosa estrategia de salud pública. De hecho, el National Institute for Health and Care Excellence (NICE) inglés ya lo recomienda en pacientes de riesgo”, afirma Miquel Serra-Burriel, coautor del ensayo.

Con pacientes de seis países

Para llevar a cabo la investigación, los investigadores incluyeron un total de 6.295 participantes de seis países diferentes (Francia, España, Dinamarca, el Reino Unido, Alemania y Hong Kong). Corresponden a siete estudios prospectivos independientes realizados con anterioridad (una cohorte por país, exceptuando España, con dos), en los que se utilizaron ET como método diagnóstico de fibrosis hepática.

Las cohortes de los diferentes países estuvieron formadas por personas de diversas edades y factores de riesgo de sufrir enfermedades hepáticas crónicas, tales como un elevado consumo de alcohol. Las cohortes de Dinamarca, España, Francia y el Reino Unido fueron diseñadas para obtener biopsias para confirmar la fibrosis hepática. “Utilizamos datos de un subconjunto de pacientes que habían sido sometidos a una biopsia hepática. Una vez definidos los mejores indicadores, los aplicamos a nuestras cohortes para evaluar las tasas de prevalencia de fibrosis significativa así como la precisión del diagnóstico”, afirma el investigador del CRES-UPF.

A continuación, estos resultados se utilizaron para ajustar un modelo económico que compara dos vías diferentes para detectar una fibrosis significativa: la vía de detección por ET en comparación con el estándar de la vía asistencial, basada en pruebas enzimáticas del hígado.

“El objetivo de utilizar la detección de fibrosis no invasiva para ET como intervención de salud pública era conseguir una identificación previa y más fiable del paciente, derivarlo de manera oportuna a la atención especializada, darle un tratamiento adecuado e incluirlo en programas de vigilancia”, asevera el doctor Serra-Burriel.

Salud pública

El estudio demuestra que la detección de fibrosis hepática con algoritmos optimizados es una intervención de salud pública altamente rentable, especialmente en las primeras etapas de fibrosis, con una probabilidad del 12% de ahorrar costes. “Como era de esperar, cuando nos centramos en pacientes con factores de riesgo de enfermedades hepáticas crónicas, incluidos pacientes con diabetes, obesidad o consumo peligroso de alcohol, el programa de cribado es aún más rentable”, añade Miquel Serra-Burriel.

Según los autores del estudio, para aplicar el cribado hepático a partir de ET, habría que invertir entre 2.500 (población de riesgo) a 6.500 euros (población general) adaptados a la paridad del poder adquisitivo (PPP) para obtener un año más de vida, ajustado por calidad de vida.

En comparación con las etapas posteriores de la enfermedad hepática crónica, los cribados de fibrosis hepática significativa dan como resultado una mejora diez veces mayor de eficiencia, destacando la relevancia de la identificación precoz, la derivación y la vigilancia de estos pacientes.

Los autores afirman que de cara a futuros estudios, se debería probar si un enfoque basado en dos pasos, con el uso de biomarcadores séricos seguido de ET, sería rentable, y analizar el ahorro de costes que conllevaría este sistema combinado en el cribado de la población.

 

Fuente: alimente.elconfidencial.com

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La salud está muy enferma. La inversión es insuficiente

La salud está muy enferma. La inversión es insuficiente

La inversión insuficiente en salud tiene un impacto devastador en las sociedades y la economía. A nueve meses de la aparición de la COVID-19, la pandemia ha costado un millón de vidas, ha infectado a más de 30 millones de personas y está aún fuera de control.

Esta emergencia revela que los sistemas de salud son inadecuados e insuficientes. La falta de protección social, entre otras grandes carencias estructurales, es generada por el inadecuado uso de las utilidades que generan los negocios, y el desprecio por los olvidados de siempre.

Existe una conducta muy difundida de restarle importancia a los informes y conclusiones a los mensajes de las Naciones Unidas, que por lo general son expresiones de fuentes de prestigio. Esta conducta proviene especialmente de las grandes corporaciones financieras,  de empresas multinacionales y de lectores que prefieren prensa amarilla, sensacionalista. La estrategia funciona para restar importancia a la cruda realidad.

Estos párrafos, en otras palabras, forman parte del mensaje de la ONU en el Día de la Salud Mental, que pone en evidencia la forma como se vienen utilizando los recursos naturales para generar  una infinita  acumulación de poderosos monopolios y la marginalidad de una masa infinita de seres humanos excluidos del progreso de la ciencia.

El Premio Nobel de este año 2020 se otorga a tres científicos que han realizado una contribución decisiva a la lucha contra la hepatitis transmitida por la sangre, un importante problema de salud mundial que causa cirrosis y cáncer de hígado en personas de todo el planeta.

Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles M. Rice lograron descubrimientos fundamentales que permiten  la identificación de un virus nuevo, el virus de la hepatitis C. Este descubrimiento  revela la causa de los casos restantes de hepatitis crónica y posibilita análisis de sangre y nuevos medicamentos que han salvado millones de vidas.

La pandemia de COVID-19 ha significado un gran reto para el bienestar mental y físico. Este año el Día Mundial de la Salud Mental busca promover el aumento de los servicios en este ámbito, que han sido ignorados históricamente.

El Nobel de la Medicina despierta caminos de esperanza a miles de millones de personas que en el mundo viven con un trastorno mental. Cada 40 segundos, alguien muere por suicidio, y ahora se reconoce que la depresión es una de las principales causas de enfermedad y discapacidad entre niños y adolescentes.

Veamos que los virus de la hepatitis A y B habían sido pasos críticos hacia adelante, pero la mayoría de los casos de hepatitis permanecieron sin explicación. La hepatitis es una amenaza mundial para la salud humana: “La inflamación del hígado, o hepatitis, una combinación de las palabras griegas para hígado e inflamación, es causada principalmente por infecciones virales, aunque el abuso de alcohol, toxinas ambientales son causas importantes”.

En la década de 1940, quedó claro que hay dos tipos principales de hepatitis infecciosa. La primera, llamada hepatitis A, se transmite por la contaminación del agua o alimentos y generalmente tiene poco impacto a largo plazo en el paciente. El segundo tipo, se transmite a través de la sangre y los fluidos corporales, y representa una amenaza mucho más grave  que puede conducir a una enfermedad crónica, con el desarrollo de cirrosis y cáncer de hígado.

La hepatitis de transmisión sanguínea está asociada con morbilidad y mortalidad significativas, y causa más de un millón de muertes por año en todo el mundo, lo que lo convierte en un problema de salud mundial en una escala comparable a la infección por VIH y tuberculosis.

En la década de 1960, Baruch Blumberg determinó que una forma de hepatitis transmitida por la sangre era causada por un virus que se conoció como virus de la hepatitis B, y el descubrimiento llevó al desarrollo de pruebas de diagnóstico y vacuna eficaz. Blumberg fue galardonado con el Nobel Premio en Fisiología o Medicina en 1976 por este descubrimiento.

Identificación del virus de la hepatitis C. El nuevo virus es  ahora una alta prioridad. Todas las técnicas tradicionales para la caza del virus se puso en práctica pero, a pesar de ello, el virus eludió el aislamiento durante más de una década.

“Todo esto era cierto, incluso antes de la COVID-19. Ahora estamos viendo las consecuencias de la pandemia en el bienestar mental de las personas y esto es sólo el comienzo. Muchos grupos, incluidos los adultos mayores, las mujeres, los niños y las personas con problemas de salud mental existentes, corren el riesgo de sufrir graves problemas de salud a medio y largo plazo si no se toman medidas”, advirtió el Secretario de la OMS en el Día Mundial de la Salud Mental.

Una ocasión oportuna, para remarcar que muy pocas personas tienen acceso a servicios de salud mental de calidad. En los países de ingresos bajos y medianos, más del 75% de las personas con problemas de salud mental no reciben ningún tratamiento. Y, en general, los gobiernos gastan en promedio menos del 2% de sus presupuestos de salud en esta cobertura.

La depresión, la ansiedad, el estrés postraumático, el trastorno bipolar y la esquizofrenia son enfermedades mentales que afectan a más de una de cada cinco personas.

Las consecuencias económicas de la pandemia ya se están sintiendo, ya que las empresas dejan ir al personal en un esfuerzo por salvar sus negocios, o incluso cierran por completo. La inversión en programas de salud mental a nivel nacional e internacional, que ya han sufrido años de falta de financiación crónica, es ahora más importante que nunca.

Casi mil millones de personas en el mundo viven con un trastorno mental. Cada 40 segundos, alguien muere por suicidio, y ahora se reconoce que la depresión es una de las principales causas de enfermedad y discapacidad entre niños y adolescentes.

“Todo esto era cierto, incluso antes de la COVID-19. Ahora estamos viendo las consecuencias de la pandemia en el bienestar mental de las personas y esto es solo el comienzo. Muchos grupos, incluidos los adultos mayores, las mujeres, los niños y las personas con problemas de salud mental existentes, corren el riesgo de sufrir graves problemas de salud a medio y largo plazo si no se toman medidas”, advierte la ONU.

El objetivo de la campaña del Día Mundial de la Salud Mental de este año era aumentar la inversión en este tipo de atención. “El Día Mundial es una oportunidad para que el mundo se una y comience a corregir el histórico abandono de la salud mental. Ya estamos viendo las consecuencias de la pandemia de COVID-19 en el bienestar mental de las personas y esto es sólo el comienzo. A menos que asumamos compromisos serios para aumentar la inversión en salud mental en este momento, las consecuencias sanitarias, sociales y económicas serán de gran alcance”, afirma un documento oficial de la OMS.

Los pueblos esperan comentarios de los más grandes empresarios del mundo. Será una respuesta para comenzar a entender por qué el coronavirus no es una plaga circunstancial, sino que es la suma de la destrucción del planeta para atender el “mercado”.

 

Fuente: diario16.com

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La UMA e Ibima estudian los últimos avances científicos en hepatología

La UMA e Ibima estudian los últimos avances científicos en hepatología

El Aula Magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga (UMA) se ha convertido, un año más, en el punto de encuentro de especialistas de referencia nacional e internacional en enfermedades relacionadas con el hígado y que se han dado cita con motivo de la XIX edición de las Jornadas de Avances en Hepatología.

Este encuentro organizado por la UMA y el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima) concluyó el viernes con la conferencia del profesor de la división de Gastroenterología y Hepatología de la Universidad de California del Sur, Adrián Reuben, experto en trasplante hepático y hepatología clínica, y que, atendiendo a las indicaciones por parte de las autoridades sanitarias como consecuencia de la COVID-19, se celebró en formato híbrido, especialmente virtual.

Durante esta cita científica, dirigida por el catedrático de la Facultad de Medicina de la UMA, investigador principal en el Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima) y director de la Unidad de Gestión Clínica de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, Raúl J. Andrade, se han discutido numerosos temas de actualidad e interés en la especialidad de Hepatología, que han sido impartidos por profesionales con reconocimiento internacional en la materia.

El programa se ha estructurado en seis mesas redondas, donde se han abordado temáticas como las enfermedades hepáticas tóxicas y colangiopatías, la hepatitis viral o la relación entre este tipo de enfermedades con el cáncer, así como un último bloque sobre la cirrosis y enfermedad vascular hepática.

El investigador Raúl Andrade reconoció en la inauguración de las jornadas que uno de los temas destacados de la programación ha sido “el abordaje de la eliminación del virus de la hepatitis C en nuestro medio cribado poblacional frente a grupos focales”, en un momento en el que la importancia del descubrimiento de este virus ha sido reconocida con la concesión del Nobel de Medicina a los médicos norteamericanos Harvey J. Alter y Charles Rice, así como al británico Michael Houghton.

Las XIX Jornadas de Avances en Hepatología están organizadas por el Departamento de Medicina y la Unidad de Gestión Clínica de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, el Ibima y la Facultad de Medicina de la UMA. Además, cuentan con la colaboración de la Asociación Española para el Estudio del Hígado, la Sociedad Andaluza de Patología Digestiva y Málaga Convention Bureau. Distintas empresas del sector farmacéutico patrocinan el evento, así como el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBERehd). Esta edición está pendiente de acreditación por la Dirección General de Investigación y Gestión del Conocimiento de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía con 1,2 ECTS. Tiene el reconocimiento de interés sanitario-científico de la Junta de Andalucía, así como de la Actividad Formativa de Doctorado con un crédito (correspondiente a 20 horas), dentro del Programa de Doctorado Biomedicina, investigación traslacional y nuevas tecnologías en Salud de la Facultad de Medicina.

 

Fuente: laopiniondemalaga.es

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La perspectiva del paciente hepático a nivel internacional frente al cambio de nombre de la enfermedad de NAFLD / NASH a MAFLD

La perspectiva del paciente hepático a nivel internacional frente al cambio de nombre de la enfermedad de NAFLD / NASH a MAFLD

A pesar de su creciente reconocimiento como una gran amenaza para la salud, la enfermedad del hígado graso asociada con la disfunción metabólica (diabetes, complicaciones cardiovasculares, etc.) sigue siendo en gran medida infradiagnosticada y tratada.

Un panel internacional de expertos ha pedido por consenso que se cambie el nombre de la enfermedad de hígado graso no alcohólico (NAFLD) a enfermedad del hígado graso asociado al metabolismo (MAFLD) y ha sugerido cómo se debe diagnosticar la enfermedad. Este punto de vista explora la perspectiva desde los grupos de defensa de los pacientes hepáticos. Los pacientes son conscientes de las consecuencias negativas de las siglas NAFLD. La voz de los pacientes hepáticos respalda con entusiasmo la iniciativa a replantear la enfermedad, que creemos que, en última instancia, tendrá un efecto positivo en la atención del paciente y su calidad de vida y, a través de este efecto, reducirá la carga sobre los sistemas de atención médica. Tanto para los pacientes, equipos sanitarios, responsables políticos, gestores de la salud como para los no hepatólogos, el nuevo acrónimo MAFLD es claro, ubicando la enfermedad como una manifestación de disfunción metabólica en general y mejorando la comprensión a nivel de salud pública y de pacientes. Los autores del artículo representativos de diversos grupos de pacientes apoyan este cambio, especialmente porque el nuevo acrónimo es significativo para todos los ciudadanos, así como para los gobiernos y los responsables políticos y, sobre todo, carece de estigma.

Introducción

Cada vez hay más evidencia que el nombre de las enfermedades son un punto de partida crucial para las percepciones de una determinada enfermedad y tiene un impacto fundamental en las respuestas psicológicas de la persona, las creencias sobre su enfermedad e incluso en sus decisiones sobre el comportamiento relacionado con la salud, la adherencia al tratamiento y control y la voluntad personal de cooperar en el restablecimiento de su salud. Un cuerpo sustancial de investigación muestra que los pacientes construyen percepciones organizadas y representaciones cognitivas de su enfermedad, y este proceso, a su vez, guía la conducta dirigida a manejar la enfermedad. En gran medida, estas percepciones se derivan de la etiqueta y del nombre de la enfermedad.

Los pacientes que están bien informados y tienen un buen conocimiento de su condición trabajan activamente con sus médicos para mejorar el autocuidado y disfrutar de una mejor calidad de vida. Esta cooperación es especialmente importante en el caso de enfermedades crónicas, para las cuales la experiencia subjetiva de la percepción de la enfermedad es fundamental para el éxito de los esfuerzos diagnósticos y terapéuticos. A pesar de esta evidencia, la comunidad médica no suele prestar suficiente atención al efecto de las etiquetas de determinadas enfermedades en los pacientes y sus familias.

De manera similar, la religión y la espiritualidad son facetas cruciales de la atención centrada en el paciente y pueden afectar el bienestar del paciente, incluido el fomento de mejores mecanismos de afrontamiento y ajustes psicosociales a lo largo de la enfermedad. Sin embargo, la religión y las perspectivas espirituales son ignoradas en gran medida por los equipos médicos. Existe una creciente evidencia de un desajuste entre lo que es médicamente posible y practicado y lo que es aceptable desde una perspectiva religiosa y espiritual.

En los últimos años, se ha vuelto cada vez más común que los pacientes busquen información sobre sus enfermedades, participen activamente en el proceso de atención médica y asuman la responsabilidad de su salud. De manera similar, hemos visto mejoras en el papel de la voz del paciente en el manejo de enfermedades y las políticas de atención médica; sin embargo, todavía existen lagunas en la consideración de las experiencias de los pacientes. En este contexto, las asociaciones de pacientes y los pacientes que están dispuestos a actuar como representantes informados tienen un papel importante en el apoyo a los pacientes y cuidadores, desde la provisión de información de salud de mejor calidad hasta la participación en la investigación, el desarrollo de fármacos y las pautas de tratamiento.

Las asociaciones de pacientes también ofrecen ayuda psicológica, espiritual y religiosa, si es necesario. Esta asistencia asegura un mejor cumplimiento de los pacientes con los tratamientos y permite mejores resultados. Los grupos de pacientes brindan una perspectiva general del paciente que se integra con las interacciones de grupos similares entre países y sistemas de atención médica. Implícitamente, este proceso sería más informativo que recopilar información sobre las experiencias de uno o unos pocos pacientes. De hecho, las asociaciones de pacientes y los grupos de defensa están comenzando a formular sus propios indicadores de calidad para la atención médica crónica y desempeñan un papel fundamental en la implementación de modelos de atención que incorporan estrategias de empoderamiento del paciente, como la participación en la financiación de la investigación, actividades científicas, ensayos clínicos y directrices o políticas sanitarias.

Retos que afrontan los pacientes con NAFLD: una perspectiva del paciente

A pesar de la carga cada vez mayor de las enfermedades del hígado graso, los pacientes aún informan que tienen retrasos en el diagnóstico, lo que indica una falta general de conciencia sobre la enfermedad o bien que falta una mayor capacidad de los profesionales de la salud para comunicar la información de forma que se pueda entender, o ambas cosas, o sea que comprender la perspectiva del paciente es un paso importante para identificar áreas de necesidades no cubiertas y formas de mejorar la atención al paciente.

En este artículo usamos nuestras experiencias, como representantes de pacientes involucrados brindando nuestra opinión sobre la iniciativa para cambiar el nombre de enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA). Consideramos las posibles implicaciones que suponen eliminar la etiqueta de “alcohol” en el momento del diagnóstico y mejorar la atención de los pacientes con enfermedad del hígado graso. Los participantes identificaron los siguientes aspectos como temas clave, en términos de necesidades insatisfechas desde la perspectiva del paciente: estigmatización, confusión, trivialización, falta de elección de tratamiento y manejo integral del paciente, consideración inadecuada de la religión y la espiritualidad en la atención al paciente, y una escasez de organizaciones de pacientes (Figura 1). Cambiar el nombre de NAFLD a enfermedad del hígado graso asociado a alteraciones del metabolismo (MAFLD) ayuda a abordar muchos de las necesidades no satisfechas.

Figura 1. Implicaciones negativas que son esenciales en la denominación NAFLD desde la perspectiva del paciente (NAFLD = enfermedad del hígado graso no alcohólico).

Estigmatización

El estigma relacionado con la condición de salud es un tipo de estigma asociado a las personas que viven con una condición de salud o enfermedad específica y puede subdividirse en estigma público y autoestigma. La estigmatización puede tener un efecto negativo en la autoestima y conducir a un deterioro de la calidad de vida, a un manejo personal de la salud no apropiado y a una menor capacidad para hacer frente a una enfermedad. El miedo al estigma también es un factor relacionado con actitudes y comportamientos incorrectos, incluyendo la negación de un diagnóstico, rehusar un tratamiento, menor cumplimiento, no adherencia a los controles y posible terminación temprana del tratamiento. Por lo tanto, abordar el estigma y comprender sus factores subyacentes, y tomar todas las medidas posibles para minimizarlo es crucial para brindar una atención médica de calidad.

El concepto y el nombre de NAFLD han sido cuestionados por varias partes interesadas, en particular los pacientes. Una razón importante de esta insatisfacción es el alto grado de estigmatización de todas las enfermedades y trastornos que tienen los términos “alcohol” o “alcohólico” en sus nombres. Este estigma es aún más relevante en las enfermedades pediátricas, pues el consumo de alcohol no es normalmente una preocupación; sin embargo, el nombre trae consigo su estigma asociado. En nuestra experiencia, la inclusión de la palabra “alcohol” reduce la probabilidad de seguimiento y adherencia a la atención médica.

Hemos escuchado historias muy tristes de pacientes diagnosticados con NAFLD, sobre la forma en que su enfermedad se percibe entre familiares y amigos, lo que a menudo lleva a que no se revele su diagnóstico. Así, además de la carga de estar enfermos, estos pacientes también sufren la carga del silencio. En particular, en nuestra experiencia, no hemos visto el estigma asociado con NAFLD en el campo de la hepatitis viral. Los estudios muestran consistentemente que los pacientes con NAFLD reportan peores puntuaciones de calidad de vida relacionada con la salud, tanto en su salud física como en el aspecto mental y de fatiga comparando con pacientes con otras enfermedades hepáticas crónicas, como la hepatitis B y C crónica. Este estigma representa uno de los principales problemas que enfrentamos para crear conciencia sobre la EHGNA.

Además, a menudo se hace referencia a la EHGNA, y se la percibe, como una enfermedad autoinfligida, lo que implica que el comportamiento personal sería el principal determinante para el desarrollo de la enfermedad. Esta interpretación tan simplista se centra en la responsabilidad en el individuo, ignorando la influencia de otros factores no personales y no dietéticos (por ejemplo, edad, sexo, origen étnico, medicamentos, variación genética, comorbilidades, capacidad para hacer ejercicio y factores socioeconómicos y factores culturales) que se sabe contribuyen a la enfermedad o al desarrollo de factores de riesgo de EHGNA como la obesidad. La percepción de culpa personal conduce a la vergüenza y a la estigmatización, agrava la carga de la enfermedad en los pacientes y disminuye su motivación para buscar ayuda.

Confusión

Las opiniones inexactas de los “laicos” sobre una enfermedad pueden llevar a la adopción de tratamientos y estrategias de afrontamiento inútiles o a una mala adherencia al tratamiento. Cuando se acuñó originalmente el nombre NAFLD, se pretendía diferenciar claramente las causas de esta enfermedad de la enfermedad del hígado graso inducida por el alcohol. Sin embargo, el nombre NAFLD perpetúa suposiciones falsas entre los pacientes de que la enfermedad del hígado graso representa un diagnóstico de exclusión o un primer ejemplo de una enfermedad autoinfligida. Además, el nombre NAFLD se centra en un criterio, la exclusión del alcohol, que no es ni necesario ni suficiente para diagnosticar la enfermedad.

No es aconsejable transmitir el concepto de la NAFLD como una enfermedad con cambios patológicos que simulan cambios hepáticos inducidos por el alcohol a personas que nunca han consumido alcohol. Este mensaje inicia un malentendido entre el médico y el paciente y genera confusión y pérdida de confianza. El malentendido es una barrera para la educación y la comunicación activas del paciente con el público y los responsables políticos. Se malinterpreta la causa real, que es la disfunción metabólica, y se ignora la estrategia de control, la conciencia de la salud metabólica. Es hora de reconocer que los avances realizados desde que se acuñó por primera vez la etiqueta de enfermedad de NAFLD hace cuatro décadas hacen imperativo asignar un nombre que refleje las complejas interacciones metabólicas que caracterizan la enfermedad y sus complicaciones, tanto dentro como fuera del hígado. De hecho, abordar este problema mediante el desarrollo de criterios más específicos para el diagnóstico debería conducir en última instancia a que más personas se involucren en la atención que en este momento.

Trivialización

La trivialización es un comportamiento minimizador, en el que una enfermedad se percibe o conceptualiza como más fácil de adquirir, convivir o tratar. La trivialización también podría considerarse como una forma de estigma y tiene consecuencias negativas. La evidencia sugiere que la trivialización surge principalmente a través de un diagnóstico con un nombre inapropiado o cuando las percepciones o diagnósticos de la enfermedad son confusos para los profanos. Un ejemplo es el síndrome de fatiga crónica, un trastorno que durante décadas ha sido trivializado con un nombre inapropiado, que a su vez afecta negativamente al tratamiento. Otro ejemplo es el abuso del término trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), para describir una preferencia personal (por ejemplo, ser supuestamente obsesivo-compulsivo sobre la limpieza de su hogar), lo que podría devaluar la experiencia de las personas que viven con TOC. Otro ejemplo, que es aún más relevante para la EHGNA, es el efecto adverso del prefijo “no-alcohol“ en el diagnóstico de enfermedades no transmisibles, sobre la priorización de esta categoría de enfermedades para su prevención y control.

Aunque la carga sanitaria y económica mundial esperada de las enfermedades no transmisibles va en camino de superar los 47 billones de dólares y causar 30 veces más muertes que el VIH en las próximas dos décadas, estas enfermedades reciben 17 veces menos fondos que el VIH. Los expertos creen que esta discrepancia es atribuida en gran parte al efecto negativo del prefijo “no-alcohol” que transmite una percepción de que la enfermedad no es importante. Además, el término enfermedades no transmisibles no se comprende ampliamente y, como resultado, las medidas para prevenir y controlar las enfermedades no transmisibles son más difíciles de justificar ante los contribuyentes y los organismos de financiación. Varios estudios han demostrado que hay poca conciencia de la EHGNA, incluso entre personas con factores de riesgo metabólico altos, y más del 95% de los pacientes con sospecha de EHGNA aún desconocen que padecen una enfermedad hepática.

Además, los estudios sobre las percepciones de la EHGNA han demostrado que la mayoría de los participantes (>75%) no sentían que estaban en riesgo de tener NAFLD. De manera similar, es posible que los pacientes no perciban la enfermedad como un problema para su salud, probablemente hasta que la enfermedad progrese a estadios avanzados, y esta indiferencia conduce desafortunadamente a una disminución en la adherencia a las intervenciones para adelgazar. Además, la subestimación del riesgo podría llevar a los pacientes afectados a seguir sin ser diagnosticados precozmente y se presentan sólo en las etapas avanzadas y tardías de la enfermedad.

Otros estudios han demostrado que la mayoría de los pacientes con NAFLD son diagnosticados de manera incidental en el momento del diagnóstico de cirrosis. Es preocupante que muchos médicos se muestren escépticos acerca de la gravedad y la importancia clínica de la NAFLD, que está sustancialmente infradiagnosticada en entornos del mundo real. Un estudio sobre las experiencias de los médicos generales en el Reino Unido mostró que la enfermedad hepática, en particular la EHGNA, no se percibe como una prioridad en la atención primaria.

El manejo del paciente

El aumento de las muertes en todo el mundo por enfermedades hepáticas contrasta radicalmente con las tendencias temporales de la mortalidad por otras enfermedades importantes, como las cardiopatías. De hecho, se ha sugerido que, al menos en el Reino Unido, la enfermedad hepática superará a la cardiopatía isquémica y a muchos cánceres como la causa principal de años de vida laboral perdidos, mientras que en el caso de la cardiopatía isquémica, el número de muertes se ha mantenido estable. A pesar de estas estadísticas, la NAFLD ha atraído menos atención que otras enfermedades metabólicas crónicas y complejas. Además, hay poca conciencia entre el público y la comunidad sanitaria de que la obesidad y la diabetes pueden contribuir a una enfermedad hepática grave, en comparación con otras afecciones como las enfermedades cardiovasculares. La baja conciencia de enfermedad, junto con el estigma y las disparidades socioeconómicas que se asocian con enfermedad hepática, conducen a desigualdades en salud y a una falta de financiación constante.

En particular, la incorporación del cribado de EHGNA en el tratamiento de pacientes con otras enfermedades metabólicas ha sido insuficiente, probablemente porque el nombre actual no implicaba una asociación fuerte con la disfunción metabólica. La enfermedad simplemente, se consideraba relacionada con la enfermedad hepática alcohólica. En consecuencia, muchas personas que tienen un alto riesgo de cirrosis y cáncer de hígado no se someten a pruebas de detección de estas afecciones, lo que disminuye sustancialmente la calidad en la atención al paciente. Incluso los pacientes que comprenden que están en riesgo de padecer una enfermedad hepática potencialmente mortal podrían evitar el cribado porque la enfermedad permanece fuertemente estigmatizada o descartada.

Por lo tanto, existe una necesidad imperiosa de comunicar mejor los riesgos relacionados con el hígado, en relación con la obesidad y la diabetes de tipo 2 a pacientes, médicos generales y profesionales de la salud. Estos grupos deben considerar un enfoque holístico para el manejo de enfermedades que incluya todas las enfermedades asociadas con la disfunción metabólica, como son las enfermedades del hígado. De hecho, el nombre MAFLD coloca la afección, y su patogenia y progresión, en el mismo campo que otras enfermedades, como las enfermedades cardiovasculares, la enfermedad renal crónica y la diabetes tipo 2, que reciben una atención considerable. Este cambio debería aumentar la consideración y el diagnóstico de la enfermedad del hígado graso en pacientes con diabetes y otras comorbilidades. Además, estimularía un modelo multidisciplinario de atención para los pacientes con MAFLD.

¿Desde una perspectiva global el nombre NAFLD es adecuado?

La religión y la espiritualidad pueden contribuir al sentido de esperanza, optimismo, confianza y propósito del paciente. A su vez, las investigaciones han sugerido que a muchos pacientes les gustaría que estos aspectos se incorporaran en la atención médica de rutina. Desafortunadamente, la práctica clínica ha descuidado en gran medida esta faceta de la atención centrada en el paciente. La religión y la espiritualidad también pueden afectar a la visita médica, dependiendo de cómo se expliquen las opciones de tratamiento. Por ejemplo, la negativa de los testigos de Jehová a aceptar productos sanguíneos es bien reconocida. También se ha demostrado que los mecanismos de afrontamiento religiosos positivos iniciales (por ejemplo, apoyo espiritual, búsqueda de apoyo de los miembros de la iglesia) predicen una mejor salud física y mental entre los pacientes mayores 2 años después de su hospitalización.

En este contexto, muchas partes del mundo, incluido el Medio Oriente, el norte de África, gran parte de Asia y las Maldivas (es decir, las regiones con la mayor prevalencia de enfermedad por hígado graso) tienen una prohibición religiosa de consumo de alcohol y el consumo de alcohol no se acepta socialmente. Desafortunadamente, intencionado o no, sigue existiendo un fuerte estigma asociado con el término actual NAFLD y la referencia al alcohol es un factor adicional de estrés, lo que reduce la probabilidad de que las personas adopten un comportamiento y busquen apoyos para mantener y mejorar su salud. Por tanto, desde una perspectiva global, muchos consideran que NAFLD es un término inadecuado.

El poder de cambiar el nombre de una enfermedad. Confusión y trivialización

Cambiar el nombre de una enfermedad puede tener un efecto fundamental en las percepciones de la enfermedad, las creencias causales y las estrategias de manejo. Cambiar el nombre puede ser especialmente útil en contextos en los que la percepción de una enfermedad no se alinea con la comprensión actual de la enfermedad. Los estudios han demostrado que las percepciones de las consecuencias de una enfermedad grave eran los principales determinantes de la modificación del estilo de vida entre los pacientes con EHGNA. Otro estudio mostró que una barrera importante y negativa en la adopción y el mantenimiento de la dieta mediterránea, una dieta con efectos beneficiosos sobre la enfermedad del hígado graso, podría atribuirse en parte a la conceptualización errónea de la EHGNA y la visión de los resultados a largo plazo como inevitables.

Por lo tanto, cambiar el nombre podría ser fundamental para ayudar a los pacientes a comprender adecuadamente su enfermedad, incluidos los riesgos y complicaciones proyectados en una etapa temprana para que crean en la importancia y efectividad de cambiar su estilo de vida para alterar el curso de la enfermedad. Además, la larga e insidiosa historia natural de la EHGNA, antes de la aparición de complicaciones, se suma a la menor conciencia de los riesgos. En consecuencia, la afección se vuelve menos prioritaria en el manejo de la enfermedad que otras enfermedades con síntomas y complicaciones más tempranas. El cambio la nomenclatura MAFLD encauza la enfermedad del hígado graso y la vincula con otras enfermedades metabólicas, lo que hace que los pacientes y los médicos sean más conscientes que antes de otras condiciones interconectadas, y que la enfermedad sea más fácil de identificar y relacionar.

En contextos similares, estudios previos en otras enfermedades han mostrado los efectos positivos de cambiar los nombres de las enfermedades en las percepciones y en los resultados de salud. Por ejemplo, los estudios han demostrado que los pacientes y los profanos consideraban que el término gota representaba algo más vergonzoso, menos grave y menos crónico que la enfermedad misma; el cambio de nombre a artritis por cristales de urato condujo a mejoras en la percepción de la enfermedad, la comprensión y las creencias sobre el manejo. De manera similar, un programa de mensajes de texto dirigido que cambió las percepciones de los pacientes sobre su enfermedad y sus medicamentos condujo a una mejor adherencia a la medicación en adultos jóvenes con asma.

Otro ejemplo ilustrativo es una breve intervención intrahospitalaria para la percepción de la enfermedad después de un infarto de miocardio y que dio lugar a menos informes de síntomas de angina después del alta y a un regreso más temprano al trabajo que el grupo de control que recibió la atención habitual de las enfermeras de rehabilitación. El cambio a MAFLD podría disminuir la confusión y la trivialización y aumentar la conciencia sobre la enfermedad. Claramente, será necesario realizar estudios para examinar los efectos del cambio de nombre a MAFLD sobre las percepciones y los resultados de los pacientes.

Estigmatización

El poder de cambiar el nombre de las enfermedades se extiende a los efectos sobre el estigma, y ​​se pueden extraer lecciones de otras enfermedades. Por ejemplo, la Asociación Europea de Pacientes del Hígado (ELPA, en sus siglas en inglés) y la Fundación Internacional PBC participaron en el proceso de cambio de nombre de la colangitis biliar primaria. El cambio de nombre de la enfermedad que pasó de llamarse cirrosis biliar primaria a colangitis biliar primaria resultó en una disminución de la estigmatización y discriminación de los pacientes que antes se consideraban cirróticos (la gran mayoría nunca progresará a cirrosis en la actualidad) y que, como consecuencia, no tenían el mismo acceso a los servicios y al seguro de salud.

En los países asiáticos, se ha cambiado el nombre de la esquizofrenia de trastorno de mente dividida (una traducción directa de la palabra esquizofrenia) a trastorno de falta de sintonía. Este cambio ha ido acompañado de mejoras en las actitudes hacia los pacientes y el conocimiento sobre la enfermedad. Los profesionales de la salud mental han sugerido que el significado negativo del nombre esquizofrenia fue una de las principales razones para no informar a los pacientes y tutores sobre el diagnóstico.

A su vez, el cambio de nombre condujo a un aumento sustancial de las tasas de notificación de enfermedades. En nuestra experiencia, las personas que viven con la enfermedad del hígado graso han esperado durante años que la palabra “alcohólico” se elimine del nombre. El cambio de nomenclatura de NAFLD se ha sugerido como una prioridad en eventos clave organizados por la ELPA y otras organizaciones de pacientes, ya que la conexión entre el término y la estigmatización del paciente era clara. En resumen, cambiar el nombre de una enfermedad se considera un medio y una oportunidad para reducir creencias negativas y prejuicios estigmatizantes, lo que se traducirá en una mejor salud del hígado.

Manejo holístico del paciente

Uno de los desafíos de la enfermedad del hígado graso desde la perspectiva del paciente es comprender quién lo tratará, por ejemplo, si será un hepatólogo, diabetólogo, experto en obesidad o nutricionista. Aunque se ha reconocido que las enfermedades metabólicas requieren tratamiento interdisciplinario cuidado, la etiqueta actual de NAFLD es un obstáculo para lograr este objetivo. El cambio de nombre ayudaría a informar a los profesionales de la salud, los responsables políticos y la sociedad en general sobre las estrechas interconexiones entre MAFLD, síndrome metabólico y diabetes tipo 2.

La propuesta para redefinir y cambiar el nombre de la enfermedad del hígado graso también intenta proporcionar criterios de diagnóstico simples, abordando la preocupación en las definiciones anteriores que sólo se basaban en exclusiones. Por ejemplo, las personas que tienen hepatitis viral ahora pueden ser diagnosticadas con MAFLD concomitante; anteriormente, habían sido excluidos de un diagnóstico de NAFLD. Desde la perspectiva de nuestros grupos de pacientes, el aspecto más universalmente aceptado de este cambio de nombre es la declaración definitiva sobre que la MAFLD constituye una entidad independiente.

Organizaciones de defensa del paciente hepático

Una estimación sugiere que 844 millones de personas tienen enfermedad hepática crónica, lo que supera otros problemas de salud importantes, como enfermedad pulmonar (650 millones), enfermedad cardiovascular (540 millones) y diabetes (422 millones). A pesar de estas cifras, la escasez de organizaciones de pacientes con enfermedades del hígado, en comparación con organizaciones de otras enfermedades relacionadas es un reto. Cambiar el nombre de la enfermedad y reformularla con la etiqueta “metabólica” puede ayudar a establecer la colaboración con otros grupos de pacientes con enfermedades metabólicas (por ejemplo, obesidad, diabetes, enfermedades renales y cardiovasculares), a través de acciones como campañas sociales compartidas, políticas y promoción de fondos, etc. para el beneficio de los pacientes.

Romper el ciclo de la investigación de enfermedades hepáticas con financiación insuficiente

Para recaudar fondos para combatir la enfermedad del hígado graso, debemos traducir la evidencia disponible de la carga de la enfermedad en mensajes claros y simples, en lugar de información enfocada a términos técnicos. Estos mensajes deben transmitirse a los “laicos” en el contexto de demandas comunitarias para una mejor salud, y la incidencia política debe estar conectada a este mensaje. El término NAFLD representa una barrera real para lograr este objetivo. Enfocar hoy en día el diagnóstico de MAFLD y lo que ello significa, centraría la atención, estimularía el financiamiento compartido con otras enfermedades metabólicas y ayudaría a implementar intervenciones efectivas en todo el sistema de salud.

Preocupaciones y problemas asociados al cambio de nombre

Quedan varias preguntas. Por ejemplo, ¿debería el nuevo nombre reflejar los trastornos metabólicos asociados? La respuesta a esta pregunta es un rotundo sí. El nombre MAFLD con el término “metabólico” dan una indicación del vínculo con otros factores comórbidos como obesidad, diabetes, dislipemia, morbilidad cardiovascular e hipertensión. Por lo tanto, una terminología uniforme facilitará la coherencia en la orientación y comprensión del paciente.

La forma más grave de NAFLD, la esteatohepatitis no alcohólica, NASH, también debe considerarse como parte de esta discusión. Muchos de los mismos argumentos en contra del uso del término “no alcohólico” se aplican a esta afección, y la esteatohepatitis asociada al trastorno del metabolismo reconocería la transición de la enfermedad en etapa temprana a las formas más graves. Alternativamente, podría ser mejor tener un término general (MAFLD) que permitiría explicar fácilmente a los pacientes, su enfermedad sin confundirlos con varios términos. Desde el punto de vista médico, la progresión de la enfermedad se puede clasificar con diferentes etapas de gravedad.

También se habla de posibles dificultades al cambiar el nombre de la enfermedad de NAFLD a MAFLD y que resulte confuso. Los autores, apreciamos estas preocupaciones; sin embargo, una mejor atención médica para las personas más necesitadas o actualmente abandonadas brindará consuelo y respeto en lugar de defraudarlos y perpetuar el ciclo de estigmatización y confusión. El cambio de nombre también permitirá un enfoque integral de la atención médica centrado en el paciente que aborde una enfermedad causada por una disfunción metabólica.

Aunque la actualización de la nomenclatura y la definición de enfermedad representa un primer paso positivo hacia un mejor manejo de la enfermedad, quedan aún necesidades insatisfechas, como encontrar terapias farmacológicas efectivas para la enfermedad y mejores métodos de diagnóstico no invasivo, y desarrollar más estrategias de cribado de la MAFLD y sus complicaciones, de una forma más eficaz en poblaciones de alto riesgo que las que se utilizan actualmente. Estos retos requerirán más investigación por parte de expertos.

Recomendación

La adopción del nombre MAFLD es importante para una variedad de partes interesadas, especialmente los pacientes, y es oportuna y necesaria para superar los efectos adversos del nombre actual, al tiempo que satisface las necesidades urgentes tanto de los pacientes como de sus familias (figura 2). Debería incluirse una adopción similar del término esteatohepatitis asociada al metabolismo para mantener la coherencia con el proceso de la enfermedad.

El nombre correcto mejorará el reconocimiento de las enfermedades del hígado graso como un problema de salud pública, ayudará con la nueva denominación, las relaciones públicas y el alcance educativo, y ayudará a ampliar el apoyo a la investigación.

 

Fuente: thelancet.com

Autores: Prof. Gamal Shiha, MD; Marko Korenjak, MSc; Wayne Eskridge, BSEE; Teresa Casanovas, PhD; Patricia Velez-Moller, MBH; Sari Högström, MHS et al.

Referencia: https://doi.org/10.1016/S2468-1253(20)30294-6

Artículo traducido y adaptado por ASSCAT