Logran por primera vez eliminar el virus de la hepatitis B

Logran por primera vez eliminar el virus de la hepatitis B

La vacunación previene nuevas infecciones de este virus, si bien aún no se ha encontrado una cura para las personas que son portadoras crónicas.

Investigadores de Helmholtz Zentrum München y la Universidad Técnica de Múnich (Alemania), en colaboración con expertos del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf y el Hospital Universitario de Heidelberg, han logrado por primera vez eliminar el virus de la hepatitis B (VHB) en un modelo experimental animal.

En concreto, el trabajo, publicado en el Journal of Clinical Investigation, ha evidenciado que la terapia con células T puede proporcionar una cura permanente de esta enfermedad, la cual padecen más de 260 millones de personas en todo el mundo.

La vacunación previene nuevas infecciones de este virus, si bien aún no se ha encontrado una cura para las personas que son portadoras crónicas del mismo. Los medicamentos disponibles sólo evitan que el virus se siga replicando en las células hepáticas, pero no pueden eliminarlo. A largo plazo, esto puede llevar a complicaciones como el cáncer de hígado o la cirrosis hepática, por lo que el tejido hepático funcional es reemplazado por tejido conectivo fibroso.

“Actualmente, la hepatitis B crónica no se puede curar. Ahora hemos podido demostrar que la terapia con células T que explota las nuevas tecnologías presenta una solución alentadora para el tratamiento de la infección crónica por VHB y el cáncer de hígado desencadenado por el virus. Esto se debe a que ‘las drogas vivas’ son la terapia más potente que tenemos a nuestra disposición en la actualidad”, han explicado los expertos.

Las células T eliminan la hepatitis B

La nueva terapia de células T se desarrolló específicamente como un método para combatir la infección por VHB y el cáncer de hígado asociado con el VHB. Se sabe que en pacientes con infección crónica, las células T específicas del virus no se pueden detectar o demuestran una actividad disminuida. Sin embargo, si los pacientes pueden mantener el virus bajo control por sí mismos, se puede detectar una fuerte respuesta de las células T.

La información genética de los receptores de células T específicos del VHB se obtuvo de pacientes con infección resuelta. En el laboratorio, se puede introducir en las células T a partir de la sangre de pacientes con hepatitis B crónica. Esto conduce a la formación de nuevas células T activas, que combaten el virus o las células cancerosas inducidas por el virus. Las células T creadas pudieron eliminar completamente las células infectadas con VHB en el cultivo celular.

“Los resultados prometedores de este estudio nos ayudarán a investigar más a fondo el potencial de la terapia con células T y seguir adelante con los ensayos clínicos junto con nuestros socios. Por lo tanto, estamos dando un paso decisivo hacia el establecimiento de esta forma de medicina personalizada”, han concluido los investigadores. 

 

Fuente: elmedicointeractivo.com

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Más riesgo de hígado graso con enfermedad inflamatoria inmunomediada

Más riesgo de hígado graso con enfermedad inflamatoria inmunomediada

La enfermedad inflamatoria inmunomediada (IMID) afecta a dos millones y medio de personas en España.

El actual abordaje de la hepatitis C y el cribado del cáncer de colon son dos de las áreas en las que los avances que se han conseguido en muy pocos años han variado la práctica de la asistencia diaria, según ha indicado Javier Crespo García, presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) que este fin de semana ha clausurado su LXXVIII encuentro anual en Santander dentro de la Semana de las Enfermedades Digestivas.

“Se ha conseguido la práctica eliminación de la enfermedad en el caso de la hepatitis C, así como una drástica disminución de las listas de espera, lo que repercute en el bienestar y la mejoría del paciente. Hay que señalar además que las consecuencias de otras patologías infectocontagiosas también están disminuyendo significativamente”.

El cribado del cáncer de colon se sitúa como la herramienta para reducir la mortalidad por esta enfermedad y cuyos beneficios son, para Crespo, incuestionables, aunque, “por desgracia, en España no hay un acceso equitativo a los programas de cribado, lo que significa que las posibilidades de detección precoz no son aún igualitarias”. No obstante, el presidente de los digestólogos subraya que este último aspecto no va en detrimento de “la mejora global organizativa y de servicios sanitarios conseguida y que ha redundado positivamente en la calidad asistencial de los pacientes con patología digestiva”.

Terapias ‘a la carta’

Ha recordado que en este encuentro nacional “se han perfilado varios aspectos relacionados con el futuro de la especialidad y que se centran en la aplicación de la inteligencia artificial, fundamentalmente en endoscopia, así como el manejo adecuado de big data. A más largo plazo, las ciencias ómicas permitirán caracterizar mejor a nuestros pacientes y ofrecerles tratamientos personalizados, muchos de ellos relacionados con la modificación ‘a la carta’ de la microbiota”.

Los más de mil congresistas participantes han analizado los temas más actuales en este ámbito, como es el caso de la enfermedad hepática por depósito graso. En los últimos estudios se ha demostrado que los pacientes con enfermedades inflamatorias inmunomediadas (IMID) tienen el doble de probabilidad de padecer enfermedad hepática por depósito graso que la población general. Por este motivo, se están generando investigaciones en torno a la relación entre ambas enfermedades, señala María Teresa Arias Loste, miembro de la SEPD.

Existen diferentes niveles de afectación hepática: la esteatosis, comúnmente denominado hígado graso, es la acumulación de grasa en dicho órgano; actualmente tiene la prevalencia más alta de las enfermedades hepáticas, por encima de la producida por el alcohol y la hepatitis C; después está la esteatohepatitis no alcohólica (EHNA -NASH en inglés-), donde además de la acumulación de grasa en el hígado se presenta inflamación en dicho órgano; en la última fase, uno de cada cinco pacientes con esteatohepatitis no alcohólica presenta una enfermedad avanzada o cirrosis secundaria a EHNA. Esta afectación está caracterizada por la presencia de fibrosis, “lo que supone a su vez un riesgo incrementado de padecer cáncer hepático”, señala Arias, quien calcula que la prevalencia de la esteatosis o hígado graso es alta, ya que una de cada cuatro personas en el mundo occidental la padece y el 20% de los pacientes con hígado graso tienen o tendrán EHNA.

Papel del microbioma

Se ha reactualizado el potencial papel de la microbiota en la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), sugiriendo que una dieta rica en prebióticos puede mejorar la microbiota intestinal, así como ayudar en el mantenimiento de la EII. En España la incidencia y prevalencia de la EII ha aumentado en los últimos años, acercándose a niveles de los países del norte de Europa.

Natalia Borruel, de la SEPD, indica que “los pacientes con EII presentan un trastorno en la microbiota intestinal que se caracteriza por ser un ecosistema con falta de diversidad de microorganismos que puede relacionarse con el estilo de vida occidental actual. Seguir una dieta mediterránea, rica en prebióticos, entre otras medidas, ayuda a los pacientes con EII a mantenerse estables en su enfermedad”.

 

Fuente: diariomedico.com

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Los antivirales de acción directa no aumentan los eventos adversos en el tratamiento de la hepatitis C

Los antivirales de acción directa no aumentan los eventos adversos en el tratamiento de la hepatitis C

De acuerdo con un nuevo estudio, a pesar de los informes anteriores que expresan preocupación, la exposición antiviral de acción directa no aumenta el riesgo de eventos adversos graves.

En 2016, la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA, en sus siglas en inglés) recibió informes a través de su sistema de notificación de eventos adversos de insuficiencia hepática (500) y lesión hepática grave (1.000) entre los pacientes que habían estado tomando antivirales de acción directa (AADs) durante el año pasado como tratamiento para el virus de la hepatitis C (VHC). Esto generó inquietudes acerca de la seguridad de los AAD para el tratamiento del VHC, aunque los investigadores observaron que la precisión de los datos estaba limitada por la naturaleza de los informes voluntarios, la falta de historia clínica detallada del paciente y la posibilidad de errores de clasificación, ya que muchos de estos eventos adversos podrían ser un resultado del propio VHC en lugar del tratamiento con AADs.

En respuesta, los investigadores realizaron un estudio de cohorte retrospectivo. El estudio utilizó reclamos y datos clínicos de 3 sistemas de salud: Kaiser Permanente Southern California (atiende a 4,5 millones), Kaiser Permanents Northern California (atiende a 4,3 millones) y OneFlorida (atiende a 10 millones), entre enero de 2012 y diciembre de 2017 para calcular los efectos adversos no ajustados tasas de eventos en pacientes expuestos y no expuestos (33.808 en total) a lo largo del tiempo.

Los análisis se ajustaron, el tiempo hasta el evento, para tener en cuenta las características asociadas con los resultados y la probabilidad de tratamiento.

Los eventos adversos considerados incluyen muerte, insuficiencia orgánica múltiple, cáncer de hígado, descompensación hepática, enfermedad hepática aguda sobre crónica, infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular isquémico o hemorrágico, arritmia, insuficiencia renal aguda, cáncer no hepático, reactivación de la hepatitis B, hospitalizaciones, y visitas a urgencias.

Las covariables consideradas incluyeron datos demográficos (edad, sexo, raza y etnia), año, índice de masa corporal, estado de fumador, historial de uso (enfermería especializada, salud en el hogar, servicio de urgencias, pacientes hospitalizados), resultados de laboratorio y un nivel de aminotransferasa de aspartato calculado para la puntuación del índice de plaquetas.

Antes del ajuste, los análisis asociaron la exposición a AADs con tasas de muerte significativamente más bajas (10,7 frente a 33,7 eventos por 1.000 personas/año; relación de tasa [RR], 0,32, IC del 95%, .25-.40). Además, otros 7 eventos adversos no ajustados fueron mucho más probables en el grupo con AADs: insuficiencia orgánica múltiple (RR, 0,56; IC 95%, 0,44-0,72), cáncer de hígado (RR, 0,62; IC 95%, 0,48-0,80), descompensación hepática (RR, 0,62; IC 95%, 0,52-0,73), evento hepático agudo sobre crónico (RR, 0,68; IC 95%, 0,56-0,84), infarto agudo de miocardio (RR, 0,64; IC 95%, 0,42- 0,97), accidente cerebrovascular isquémico (RR, 0,63; IC del 95%, 0,42-0,95) y accidente cerebrovascular hemorrágico (RR, 0,47; IC del 95%, 0,25-0,89), mientras que ninguno fue más probable en el grupo sin AADs.

Sin embargo, después de que se aplicaron los ajustes, las probabilidades de eventos adversos para los pacientes expuestos a AADs se desplomaron, cayendo incluso más bajo que el nivel de riesgo de muerte de los pacientes sin AADs (proporción de probabilidades ajustadas [aOR], 0,42; IC del 95%, 0,30). 0,59), insuficiencia orgánica múltiple (aOR, 0,67; IC 95%, 0,49-0,90), descompensación hepática (aOR, 0,61; IC 95%, 0,49-0,76), evento hepático agudo en crónico (aOR, 0,71; 95% IC, 0.56-0.91), y arritmia (aOR, 0.47; IC del 95%, 0.25-0.88).

Los investigadores reconocen que generalmente los pacientes más sanos que se asignan al tratamiento con AADs, por lo que sería presuntuoso suponer que los AAD en realidad reducen el riesgo de eventos adversos. No obstante, los datos indican, como mínimo, que los AAD no aumentan el riesgo de eventos adversos, a pesar de los temores anteriores planteados por el informe de la FDA. Dada la frecuente dependencia de los AAD en el tratamiento del VHC, esta es una noticia alentadora para muchos pacientes.

El estudio, “Assessing the Safety of Direct-Acting Antiviral Agents for Hepatitis C”, fue publicado por JAMA Network.

 

Fuente: mdmag.com

Noticia traducida por ASSCAT

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La hepatitis C es más estigmatizante que el VIH: las actitudes de los hombres gay hacia la reinfección del VHC

La hepatitis C es más estigmatizante que el VIH: las actitudes de los hombres gay hacia la reinfección del VHC

La investigación cualitativa con hombres homosexuales y bisexuales VIH positivos en Australia que se habían curado de una infección por hepatitis C reveló que tener hepatitis C era más estigmatizante que la infección por VIH.

Si bien ser miembro de ciertas redes sociales y sexuales aumenta las posibilidades de reinfección con hepatitis C, el abandono de estas redes y la abstinencia del consumo de drogas podrían llevar al aislamiento social.

El compromiso con los servicios de tratamiento para la hepatitis C a menudo condujo a una mejor comprensión de los riesgos de infección de hepatitis C y una mejora en las estrategias para evitar la reinfección. Los participantes también informaron que la participación en la atención de la hepatitis C fomentó una reducción en el uso de drogas sexualizadas (a menudo llamadas ‘ChemSex’ o ‘party’ ‘n’). Esto fue informado en el Diario de la Sociedad Internacional del SIDA por Sophia Schroeder y sus colegas en el Instituto Burnet en Melbourne.

La coinfección por hepatitis C en hombres gays que viven con VIH ha aumentado en Europa, Australia, Asia y América del Norte durante la última década. Específicamente, los hombres homosexuales que se inyectan metanfetamina y practican sexo en grupo sin condón tienen un mayor riesgo de coinfección con hepatitis C. El estigma en torno a la hepatitis C (relacionado con los estereotipos sobre el uso de drogas y el tipo de persona que puede tener hepatitis C) limita las conversaciones pertinentes al estado de infección, conocimiento sobre el diagnóstico y manejo de la hepatitis C.

La hepatitis C se puede curar con antivirales de acción directa y este tratamiento ha sido subsidiado públicamente para todas las personas con hepatitis C en Australia desde 2016. Sin embargo, la reinfección después del tratamiento exitoso de la hepatitis C es común debido a la exposición repetida a los factores de riesgo involucrados con la hepatitis C. La ampliación del tratamiento podría conducir a una posible eliminación de la hepatitis C, las reinfecciones repetidas observadas en un subgrupo de hombres indican la necesidad de una mayor investigación sobre los factores sociales y de comportamiento relacionados con la reinfección, así como las percepciones y actitudes de los hombres hacia la reinfección con hepatitis C.

El estudio

Quince hombres que estaban viviendo con VIH y se habían curado de hepatitis C fueron reclutados para este estudio cualitativo a través de su participación en un ensayo clínico en Melbourne. El objetivo del ensayo clínico fue evaluar la posibilidad de eliminar la hepatitis C utilizando un enfoque de tratamiento como prevención en las personas con hepatitis C y coinfección por VIH.

Los criterios de elegibilidad incluyeron: género masculino, identificación como homosexual o bisexual, vivir con VIH y haber completado recientemente el tratamiento antiviral de acción directa y haber sido curado de la hepatitis C. En 2017 se realizaron entrevistas semiestructuradas, explorando el conocimiento de la hepatitis C y las experiencias de atención, la convivencia con hepatitis C/VIH y la comprensión y actitudes de los participantes respecto al riesgo de reinfección de hepatitis C.

La edad media de los participantes fue de 46 (rango 26-60) y casi todos los participantes se identificaron como homosexuales. Habían estado viviendo con el VIH durante un período promedio de 15 años, mientras que el tiempo promedio desde el diagnóstico de hepatitis C fue de siete años. Doce participantes habían consumido drogas ilícitas en su vida y diez informaron que se habían inyectado drogas alguna vez.

El análisis de las entrevistas reveló los siguientes temas:

Comparando el VIH y la hepatitis C

La mayoría de los participantes usaron el VIH como un punto de referencia cuando discutieron la infección por hepatitis C. Si bien todavía existía un estigma en torno al VIH, se había normalizado más en la comunidad gay y se consideraba una enfermedad manejable. Los hombres tendían a limitar sus redes sexuales a otras personas que viven con el VIH y esto facilitó la divulgación.

Esto se contrastó con el estigma experimentado como resultado de la infección por hepatitis C: se vio como un tabú, asociado con el uso de drogas inyectables y vergonzoso. Los participantes describieron la hepatitis C como más estigmatizante que el VIH y esto se extendió al estigma internalizado. Los mensajes de prevención también tienden a centrarse en el VIH a expensas de otras infecciones, lo que lleva a una menor conciencia de la hepatitis C.

Como resultado del estigma de la comunidad en torno al uso de drogas inyectables, los hombres diferenciaron los tipos de consumo de drogas (inyección frente a no inyectables, estimulantes frente a opiáceos) y los riesgos asociados. Las percepciones de riesgo de contraer hepatitis C se centraron en aquellos que compartían agujas cuando se inyectaban drogas. Sin embargo, la mayoría de los hombres indicaron que lo más probable es que estuvieran infectados a través del sexo.

Entornos de riesgo y evitar la reinfección

Muchos participantes vincularon la infección por hepatitis C a estar en redes sociales y sexuales de alto riesgo, en lugar de la participación personal en conductas de riesgo. Estas redes incluían lugares y círculos de la comunidad gay donde eran más comunes el riesgo sexual y el uso de drogas. Las parejas a menudo invitaban a los participantes a inyectarse drogas, o buscaban parejas que no los juzgaran por su uso de metanfetamina. El comportamiento se centraría en el uso de drogas sexualizadas y los participantes describieron ser rechazados por amigos que lo desaprobaron.

El tratamiento de la hepatitis C a menudo provocaba cambios en el estilo de vida que hacían que los hombres se retiraran de las redes de drogas sexualizadas. Esto podría causar soledad y aislamiento. Si los hombres deciden no seguir consumiendo drogas después del tratamiento de la hepatitis C, posiblemente haya que buscar una nueva red social.

El cuidado de la hepatitis C como catalizador del cambio

Los participantes consideraron positivamente la oportunidad de recibir una cura para la hepatitis C. El estigma que rodea a la infección por hepatitis C hizo que los participantes quisieran permanecer libres de hepatitis C y evitar la asociación de ser etiquetados como usuarios de drogas inyectables o tener que divulgar la infección por hepatitis C.

La participación en la atención de la hepatitis C llevó a una mejor capacidad para reconocer los riesgos y encontrar formas de reducir la transmisión. Los participantes expresaron que estaban más dispuestos a preguntar a las parejas sobre el estado de la hepatitis C y evitar las relaciones sexuales rudas y sin condón con parejas de un estado desconocido. Sin embargo, los hombres dijeron que seguía siendo difícil preguntar sobre el estado de la hepatitis C debido al estigma asociado.

Varios participantes también describieron su participación en la atención de la hepatitis C como un catalizador para reducir el uso de metanfetamina y para repensar su uso de drogas sexualizadas. Para algunos, la reinfección se consideraba un fracaso cuando se trataba de mantenerse abstinente de las drogas y de evitar los círculos de drogas sexualizados. Por lo tanto, la evitación de ciertas redes sociales y sexuales estaba estrechamente relacionada con el resto de la hepatitis C negativa.

Para aquellos que optaron por seguir consumiendo drogas, expresaron confianza en las estrategias de reducción de riesgos para evitar la reinfección y el uso de sus experiencias para educar a los pares dentro de las redes de consumo de drogas.

Conclusión

Los autores concluyen: “Las campañas de prevención del VHC adaptadas a los HSH que viven con un diagnóstico de VIH deben tener en cuenta la multiplicidad de riesgos de transmisión en el contexto del uso de drogas sexualizadas y la interseccionalidad de múltiples identidades sociales estigmatizadas. La participación en la atención del VHC presenta una oportunidad importante para brindar apoyo más allá de la cura del VHC y podría ser fundamental para facilitar el cambio de comportamiento necesario para lograr los objetivos de eliminación”.

 

Fuente: infohep.org

Referencia: Schroeder, SE et al. Hepatitis C risk perceptions and attitudes towards reinfection among HIV‐diagnosed gay and bisexual men in Melbourne, Australia. Journal of the International AIDS Society 22: e25288, 2019.

Noticia traducida por ASSCAT

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Sólo el 18% de las personas con coinfección por hepatitis/VIH y cirrosis se someten a exámenes de detección de cáncer de hígado con la frecuencia recomendada

Sólo el 18% de las personas con coinfección por hepatitis/VIH y cirrosis se someten a exámenes de detección de cáncer de hígado con la frecuencia recomendada

Según informan investigadores del Journal of Viral Hepatitis, existe una “adherencia sorprendentemente baja” a las guías clínicas para el examen de ultrasonido para el carcinoma hepatocelular en Europa occidental.

Durante años o décadas, las hepatitis B o C crónicas pueden causar una enfermedad hepática grave que incluye cirrosis y cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular, CHC). El riesgo de CHC es elevado en personas con cirrosis y también en personas con coinfección por hepatitis/VIH.

El tratamiento del CHC es más probable que sea exitoso si el cáncer se diagnostica con prontitud. Las guías clínicas de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL, en sus siglas en inglés), la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades Hepáticas (AASLD, en sus siglas en inglés) y la Sociedad Clínica Europea del SIDA (EACS, en sus siglas en inglés) recomiendan que los adultos con cirrosis deben realizarse exámenes de ultrasonido para el CHC cada seis meses.

Si bien el intervalo de selección es el mismo, independientemente de la coinfección, los estudios previos en los EEUU han mostrado una baja adherencia a la guía, con entre el 13% y el 51% de las personas con hepatitis monoinfección cada seis meses.

La Dra. Sophie Willemse y sus colegas reunieron datos de la Colaboración para la Investigación Epidemiológica del VIH Observacional en Europa (COHERE). Su objetivo fue evaluar el cumplimiento de las pautas de detección de CHC en una gran cohorte europea de pacientes VIH positivos con coinfección y cirrosis por hepatitis B o C.

Un total de 646 personas se incluyeron en el análisis, con datos recopilados entre 2005 y 2015. Sólo se incluyeron las cuatro cohortes participantes que registran los resultados de ultrasonido del documento, reflejando la práctica en los Países Bajos, Francia, Austria e Italia.

Los participantes tuvieron coinfección con hepatitis B (13%), hepatitis C (80%) o ambas (7%). Habían sido diagnosticados con cirrosis durante una mediana de cinco años y el 93% estaban tomando terapia antirretroviral. Las rutas probables de transmisión del VIH fueron el uso de drogas inyectables (57%), el sexo entre hombres (20%) y el sexo entre hombres y mujeres (12%).

La proporción de participantes examinados en los seis meses anteriores varió entre el 5,4% en 2005, el 18,4% en 2008 y el 14,2% en 2014.

Las cifras para la detección en los doce meses anteriores no fueron mucho mejores: 7%, 26% y 30%, respectivamente.

Hubo una mejor adherencia a las guías para pacientes con visitas clínicas más frecuentes. Las personas diagnosticadas con cirrosis durante un período de tiempo más prolongado tuvieron una mejor detección, posiblemente reflejando una situación más estable en la que tanto el paciente como el clínico son conscientes de la importancia del seguimiento regular.

Los autores dicen que pueden contribuir múltiples factores, incluido el conocimiento limitado de los médicos sobre las pautas y la ausencia de sistemas para programar y las visitas de control de seguimiento. “Este hallazgo justifica una acción urgente para garantizar una mejor implementación de las pautas de detección de CHC”, afirman.

 

Fuente: infohep.org

Referencia: Willemse S et al. Low compliance with hepatocellular carcinoma screening guidelines in hepatitis B/C virus co-infected HIV-patients with cirrhosis. Journal of Viral Hepatitis, online ahead of print, 28 May 2019.

Noticia traducida por ASSCAT

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Una mayor inversión en la prevención de enfermedades sexuales ahorraría más de 500 millones hasta 2021

Una mayor inversión en la prevención de enfermedades sexuales ahorraría más de 500 millones hasta 2021

Los investigadores destacan la necesidad de desarrollar políticas públicas, como campañas de concienciación o talleres de formación.

Cada día, más de 1 millón de personas contraen una infección de transmisión sexual (ITS). Según un informe realizado por la Universidad de Cantabria y patrocinado por la marca de preservativos Durex, una mayor inversión en la prevención de estas infecciones, con respecto a los niveles actuales, ahorraría más de 500 millones de aquí a 2021.

Factores como cambio en los hábitos sexuales, la frecuencia y la iniciación sexual a una edad cada vez más temprana hacen previsible que el coste anual destinado a tratar las ITS aumente si no se implementan próximamente medidas preventivas. Así, los investigadores destacan la necesidad de desarrollar políticas públicas preventivas, como campañas de concienciación o talleres de formación, para conseguir una reducción del gasto que suponen estas infecciones en el sistema de salud.

Las ITS se propagan predominantemente por contacto sexual, incluidos el sexo vaginal, anal y oral; pero también se pueden propagar por medios no sexuales, como transfusiones de sangre o incluso de madre a hijo durante el embarazo o el parto.

Entre las ocho infecciones de transmisión sexual más comunes, cuatro de ellas (la sífilis, la gonorrea, la clamidiasis y la tricomoniasis) son actualmente curables; mientras que las otras cuatro -la hepatitis B, el herpes simple (HSV), el VIH y el virus del papiloma humano (VPH)- son infecciones incurables, aunque existen tratamientos capaces de atenuar sus síntomas.

Para la investigación se ha realizado un análisis de la incidencia y prevalencia actual de todas las ITS en España. Según los últimos datos de Vigilancia Epidemiológica, que recoge cada año el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), el número de ITS en 2017 se situó en 23.942.

La tasa de incidencia más elevada se registró en 2017 en la bacteria Clamidia (9.865 casos), siguiéndole muy de cerca la gonorrea (8.200) y algo más lejos la sífilis (4.941). El resto de las infecciones (hepatitis C, linfogranuloma venéreo, sífilis congénita) representan un número inferior a 1.000.

 

Fuente: diariosur.es

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