Exposición al alcohol en la adolescencia y daños cerebrales

27/08/2018 | Artículos, Artículos científicos

Los responsables de la circulación en carretera han alertado de las tres causas de los accidentes: distracciones, exceso de velocidad y consumo de sustancias tóxicas (alcohol y drogas).

ASSCAT, como representante de la voz del paciente hepático, quiere llamar la atención sobre los riesgos del consumo de alcohol en las edades jóvenes no sólo sobre el hígado sino por el daño cerebral que produce.

La ingesta de alcohol afecta al desarrollo del cerebro adolescente

El alcohol es la droga psicoactiva más utilizada entre los jóvenes y su consumo excesivo representa un grave problema para la salud con efectos que pueden ser irreversibles a largo plazo.

El cerebro se desarrolla en los humanos de un modo progresivo, y es precisamente en la etapa adolescente cuando ocurren cambios más trascendentales.

El consumo de alcohol puede producirse de forma crónica mantenida o bien ocurrir su consumo excesivo de una manera episódica. Estos patrones de consumo de alcohol entre los jóvenes son bien reconocidos, aunque es más frecuente la ingesta excesiva en forma incidental. Con el consumo episódico se elevan bruscamente los niveles de alcohol en sangre, hasta límites que se consideran tóxicos. El cerebro adolescente es muy susceptible a los efectos perjudiciales del alcohol, ya que en este período de la vida se dan unos cambios en la maduración y el desarrollo cerebral, como son: una mayor mielinización, más conectividad funcional y más plasticidad del hipocampo.

En los países europeos, los jóvenes entre los 16-18 años, van a tener permiso para comprar y beber alcohol, pero en general aún no están preparados, no tienen experiencia ni cargas de responsabilidad como los adultos. Se han realizado estudios donde se observa como se lleva a cabo la ingesta de grandes cantidades de alcohol, es más frecuente los sábados y viernes por la noche, generalmente porque los jóvenes salen y no tienen responsabilidades laborales o de estudio al día siguiente y es habitual que beban en privado antes de salir (“beber antes de beber”). Suelen acelerar el ritmo de la bebida (es decir, aumentan el número de bebidas consumidas por hora); lo cual no es accidental sino que es lo que buscan: tener emociones, divertirse y sentir los efectos del alcohol. La ingesta masiva ocurre predominantemente fuera del hogar, principalmente en bares, pubs, discotecas o en eventos especiales y festivales; y a menudo acaba con lesiones intencionales o no intencionales así como con otras consecuencias agudas, que son los principales factores de riesgo de mortalidad y morbilidad en este grupo de edad. Las estrategias de prevención para ser eficaces deberían reducir las oportunidades de consumir alcohol en exceso, así como estrategias para reducir sus consecuencias perjudiciales.

En el cerebro adolescente se producen importantes cambios en su desarrollo a nivel neuroquímico y en la composición del tejido cerebral. Gracias a los avances en neuroimagen el curso de estos procesos de maduración se está analizando con mayor especificidad e indican reducciones de volumen de la materia gris y el fallo en el desarrollo progresivo de la sustancia blanca en determinadas regiones cerebrales que se sabe que rigen la cognición y el comportamiento complejo.

Además, se ha de tener en cuenta que al afectarse el desarrollo de nuevos circuitos fronto-subcorticales, la maduración de la región prefrontal y de los sistemas límbicos, notables durante la adolescencia puede hacer que los jóvenes sean más vulnerables a determinados comportamientos de riesgo, como sería el ser más permisivos con el uso de sustancias tóxicas. De hecho, una borrachera por consumo de alcohol y el uso concomitante de marihuana es común en la adolescencia, y se asocia con efectos neurales indeseables y que pueden ser irreversibles. El desarrollo del cerebro adolescente, tiene unas características únicas, en especial aspectos que predisponen a las personas a buscar recompensas y a tomar decisiones arriesgadas en esta fase de la vida.

Los hallazgos científicos en este campo subrayan la importancia de los resultados de las investigaciones, y la necesidad de informar de los efectos del alcohol en el cerebro adolescente así como de diseñar intervenciones para informar y prevenir.

Los estudios evidencian que la exposición a niveles tóxicos de alcohol durante la adolescencia produce daños cerebrales permanentes.

La “plasticidad” es una capacidad del cerebro, la cual permite modificar sus estructuras al acceder al aprendizaje de cosas nuevas.

Durante los picos de plasticidad, el cerebro crea nuevas conexiones neuronales que serán clave para el futuro, cruciales para conectarnos y convertirnos en adultos en pleno funcionamiento.

El consumo de alcohol durante el período de plasticidad máxima daña seriamente los “enlaces cerebrales”.

El alcohol lesiona específicamente dos áreas del cerebro que durante la adolescencia presentan cambios importantes:

  • El hipocampo, encargado de activarse en las tareas de la memoria y del aprendizaje, sufre el peor daño. Aquellos que beben más y durante más tiempo tienen hipocampos significativamente más pequeños (hasta un 10% más pequeños).
  • El área prefrontal es donde tienen lugar la mayoría de los cambios durante la adolescencia; el consumo de alcohol en los adolescentes podría causar cambios graves, que afectarían la formación de la personalidad y del comportamiento de los adultos.

Por lo tanto, las personas jóvenes deberían conocer los graves riesgos a los que se exponen. Deberían evitar el alcohol, o bien beber en pequeña cantidad y que no sea regularmente. Sin embargo, la evidencia indica claramente que lo mejor sería no beber en absoluto.

En estas imágenes cerebrales se muestra el posible impacto que el alcohol puede tener en el cerebro del adolescente.

En la primera se muestra a un no bebedor de 15 años: el rosa y el naranja indican actividad saludable y normal, particularmente en el área prefrontal y el hipocampo.

En la de abajo se muestra a un bebedor crónico de 15 años: con poca o ninguna actividad en las áreas clave del cerebro.

Los efectos del alcohol son diferentes en el cerebro de un adulto y en el de un adolescente

Para una cantidad dada de alcohol, los adolescentes son más susceptibles que los adultos a algunos efectos, por ejemplo, a los efectos relacionados con la memoria y el aprendizaje y son menos propensos a verse afectados por los efectos sedantes causados por el alcohol.

Diferentes efectos: pérdida temporal de memoria

Es probable que los más jóvenes, en un episodio dado no recuerden nada, experimenten un fallo total de memoria, sin posibilidad de recuperación debido a los efectos de las altas concentraciones de alcohol en los centros cerebrales relacionados con la memoria (especialmente el hipocampo), lo cual es poco común en adultos. 

Diferentes efectos: sedación

Los jóvenes podrían estar bebiendo durante más tiempo que los adultos debido a que son menos susceptibles al efecto de sedación.

El mecanismo cerebral de este efecto no se conoce totalmente, es probable que se relacione con los receptores GABA, puesto que el sistema GABA está implicado en los efectos sedantes y motores del alcohol.

Los niveles finales de los receptores de GABA no se alcanzan hasta la edad adulta temprana: los adolescentes tienen menos receptores de GABA en los que el alcohol podría actuar. Así al llegar a cierta edad (es decir, a los 20 años), simplemente no puede beber del modo en que solía hacerlo.

¿Implicaciones importantes para los jóvenes?

Las investigaciones muestran que los jóvenes podrían beber más alcohol sin notar efectos sedantes pero pueden sufrir “pérdidas temporales de memoria” lo cual aumenta el riesgo de ciertas acciones delictivas, en otras en mujeres jóvenes (mayores riesgos de asalto sexual, en hombres jóvenes), robos y violencia.

¿Cómo se podría responder a esto? ¿Qué podría hacer la escuela, para reaccionar a las últimas investigaciones de una forma realista?

Parece ser que no es posible evitar que los jóvenes prueben el alcohol, pero se deberían prevenir los daños a corto y largo plazo e informar.

Los hallazgos de los investigadores sugieren que son precisos más esfuerzos dirigidos a apoyar y educar a los padres mediante mensajes positivos sobre cómo pueden influir en el comportamiento de su hijo y enfatizar la importancia de la propia bebida de los padres y lo que sus hijos ven y piensan acerca de esto.

Las escuelas también deberían ser un canal de información, recibiendo mensajes específicos y actualizados para que los padres fomenten acciones en los momentos críticos del desarrollo de sus hijos.

En las escuelas se debería comentar y criticar las percepciones incorrectas y los falsos mitos sobre el consumo excesivo de alcohol por parte de grupos de jóvenes y lanzar normas sociales positivas: “no todos lo hacen”.

Se ha de reconocer que no podemos vacunar a nuestros niños contra el posible uso de drogas; sin embargo, podemos desarrollar su capacidad de reacción si entran en contacto con el alcohol u otras drogas, o si han de afrontar otro contratiempo, podrán así estar preparados, ‘recuperarse’, o bien proceder con éxito y con el mínimo de problemas posible.

¿Qué información tienen los jóvenes sobre el alcohol?

Muchas de las formas en que actualmente los jóvenes cuidan a los amigos borrachos se basan en la mitología: no se les ha dado la información que necesitan, por lo que la inventan ellos mismos, basándose en chismes y rumores, por ejemplo: alimentarlos con pan (dicen que absorbe el alcohol); ponerlos bajo una ducha de agua fría (para estimularles), darles agua o café (dicen que diluye el alcohol). Ninguno de estos remedios funciona y, en casos extremos, pueden matar.

Reducción del alcohol y sus daños en el entorno escolar

Se ha de reconocer que la información que se les proporciona actualmente no es útil y que existen lagunas en su conocimiento que se deberían resolver para evitar más daños. Es importante darles precozmente mensajes de prevención, y que no haya consecuencias negativas involuntarias.

¿Cómo proporcionar la información para reducción de daños sin tolerar el uso?

La información sobre la reducción de los daños relacionados con el alcohol debe enfocarse en consejos prácticos, por ejemplo: sobre cómo cuidar a alguien que está borracho. ¿Saben qué hacer si se necesita pedir ayuda?

Es importante quedarse con su amigo, nunca dejarlos solos, controlarlos, tranquilizarlos, mantenerlos cómodos, y si se tienen dudas, pedir ayuda al teléfono internacional de emergencias 112.

Conclusiones

  • El cerebro adolescente es diferente de un cerebro adulto.
  • Los mensajes que reciben los adolescentes deben ser apropiados para su edad y ser significativos para ellos. No necesariamente van a tener en cuenta los mensajes sobre los riesgos: las recompensas son demasiado grandes. 
  • El alcohol y el cerebro en desarrollo no van juntos: el mensaje ha de ser demora, demora… al máximo la ingesta de alcohol.
  • La información sobre la reducción de los daños causados por el alcohol, ha de ser práctica; se han de involucrar en el cuidado de los amigos, recordar que lo que ellos creen que “no les va a pasar” puede ocurrir y en ocasiones precisarán llamar a una ambulancia o al teléfono 112 (código internacional de emergencias).

 

Fuente: The New Yorker, “Adolescents, brain development and alcohol”. Paul Dillon, Drug and Alcohol Research and Training Australia.

Artículo traducido y adaptado por ASSCAT

27/08/2018

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