Consecuencias del aumento del consumo de alcohol y enfermedad hepática asociada durante la pandemia de COVID-19

27/05/2020 | Artículos científicos

La pandemia por coronavirus-2019 (COVID-19) ha tenido un tremendo impacto global desde que comenzó en noviembre de 2019. Sin embargo, es preocupante el hecho de que la pandemia de COVID-19 no afectará a todos por igual y algunas personas serán especialmente vulnerables.

En relación al riesgo, los pacientes con trastorno por consumo de alcohol (AUD, en sus siglas en inglés) y enfermedad hepática asociada con el alcohol (ALD, en sus siglas en inglés) podrían estar entre las poblaciones más afectadas.

Las razones para ello son: un mayor riesgo de infección grave por COVID-19 debido a un sistema inmunitario deprimido y otras comorbilidades subyacentes de alto riesgo (obesidad, hipertensión, diabetes, etc.), el efecto nocivo de COVID-19 en el hígado, la imposibilidad de acudir a las visitas médicas de seguimiento, el cambio de orientación de los recursos hospitalarios (UCIs COVID, consejos para evitar visitas a urgencias, etc.), mayores riesgos percibidos y el aislamiento social que puede favorecer alteraciones psicológicas y aumento de consumo de alcohol o recaídas.

Como resultado, se espera que habrá un aumento en las recaídas en el consumo dañino de alcohol, ingresos por enfermedad hepática por alcohol descompensada y un aumento en pacientes que se diagnosticarán de enfermedad por consumo de alcohol y ALD post-pandemia COVID-19. Los centros de hepatología deberían implementar estrategias preventivas online (teleconsultas) y otros programas enfocados a pacientes para frenar este problema anticipadamente.

En conclusión, se teme que la pandemia de COVID-19 será especialmente perjudicial para los pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol y se deberían tomar medidas anticipadamente para limitar el alcance de este problema.

Consecuencias de COVID-19 en los pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol, AUD / ALD: “Quédate en casa” y distanciamiento social

Las ramificaciones médicas indirectas de COVID-19 entre los pacientes con AUD y ALD son problemáticas. Debido a las regulaciones de “quedarse en casa” que se han implementado en todos los países con el objetivo de reducir la propagación viral, las personas se han visto obligadas a aislarse socialmente en el hogar y a seguir los consejos de “distancia social”. Incluso se han impuesto sanciones monetarias para hacer cumplir estas regulaciones.

Los pacientes con AUD ahora ya no tienen un tiempo estructurado que era su rutina para realizar actividades no relacionadas con el alcohol. Estas actividades podían ser deportes u otras actividades de ocio y ayudaban a compensar la tentación de beber. Sin un tiempo estructurado, los pacientes no tienen nada para ocupar su tiempo y pueden sucumbir a la recaída del alcohol. Muchos pacientes con AUD también se ven privados de su apoyo familiar y social y obligados a quedarse en casa. Éstas son fuentes importantes de esperanza y autoestima en la vida de los pacientes con AUD. Los programas conductuales en los que el asesoramiento grupal es la piedra angular de la terapia, como los programas de prevención de recaídas por alcohol y Alcohólicos Anónimos, no están disponibles. Esto exacerba el aislamiento social y la ansiedad y altera aún más la infraestructura terapéutica y las rutinas, con un mayor riesgo de recaída del paciente. Se está viendo que los pacientes con AUD están luchando por mantenerse sobrios a pesar de años de sobriedad porque sus reuniones ahora se cancelan.

Además, la pandemia de COVID-19 tiene un impacto psicológico significativo. Wang y col. mostraron que más de la mitad de la población que encuestaron en China presentaban depresión, ansiedad y/o estrés. Éstos son factores desencadenantes comunes para el aumento del consumo de alcohol como una forma de automedicación que es probable que afecte fuertemente a los pacientes con AUD y ALD quienes ya están en alto riesgo de desempleo y otros estresores sociales/financieros.

La influencia de COVID-19 en AUD / ALD: Las influencias sociales de beber

La pandemia de COVID-19 ha creado un ambiente que favorece el consumo de alcohol.

Las aplicaciones de redes sociales como Twitter e Instagram, se han convertido en canales populares y se están utilizando las redes sociales para publicar recetas de cócteles. También está circulando información errónea sobre el alcohol y la COVID-19, con informes falsos en los medios de comunicación de que las bebidas alcohólicas pueden reducir el riesgo de contraer COVID-19.

Es preocupante que las compras de licor se hayan disparado con un aumento de las ventas en comparación con la misma época del año pasado. Drizly, una plataforma de comercio electrónico de alcohol que opera en más de 100 mercados en los Estados Unidos y Canadá ha visto un aumento del 300% en las ventas durante COVID-19. Curiosamente, un fenómeno similar se ha visto previamente con trastornos sociales previos, como las caídas del mercado de valores de 1987 y 2008-2009. Este aumento en el consumo de alcohol en el hogar debido al aislamiento social se ve contrarrestado por la falta de alcohol en bares y restaurantes. Sin embargo, este cambio también reduce el coste por unidad de alcohol, lo que puede aumentar el riesgo de consumo nocivo, ya que los consumidores excesivos de alcohol tienden a comprar el alcohol más barato.

Temores sobre COVID-19 y AUD / ALD: ¿Qué va a suceder?

Como resultado de todas las inquietudes anteriores, se esperan más recaídas en el consumo dañino de alcohol, así como un aumento de diagnósticos de pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol, AUD y ALD, después de que se relajen las órdenes de permanecer en el hogar. Entre los pacientes con ALD preexistente, se teme que habrá un elevado número de ingresos por descompensación de enfermedad hepática por consumo de alcohol, ALD. Debido al impacto del distanciamiento social sobre la recaída del alcohol en AUD, se espera que COVID-19 afecte a los pacientes con ALD mucho más que otros tipos de enfermedad hepática crónica, CLD. Estos pacientes representarán un nuevo reto y para los programas de trasplante hepático y para las unidades de hepatología que se están reiniciando después del paréntesis de COVID-19.

¿Qué se puede hacer ahora?

La telemedicina (consulta online, llamada de teléfono, email) y los servicios de mensajería segura son las principales modalidades para comunicarnos que se encuentran a nuestro alcance. Estos servicios se pueden usar para proporcionar asesoramiento sobre el alcohol y tratamiento de adicciones, y dar a los pacientes una atención con acceso 24/7, permitiendo una vigilancia más cercana de los pacientes en riesgo de descompensación y recaída. Un estudio piloto reciente ha demostrado que la atención especializada en hepatología se puede brindar de manera efectiva a través de telemedicina a comunidades distantes y que no disponen de servicios de hepatología. Los equipos sanitarios deberían programar visitas de telemedicina más frecuentes para los pacientes en riesgo para mitigar los efectos del aislamiento social y la interrupción del tratamiento crónico. Los programas también deberían identificar de manera proactiva y llegar a los pacientes que anteriormente se consideraban estables y abstinentes, ya que estos pacientes pueden tener un mayor riesgo de recaída y descompensación.

A pesar de estas ventajas, en la actualidad la telemedicina tiene limitaciones por la iniciativa del paciente, el conocimiento tecnológico del personal y los pacientes, y la disponibilidad limitada de telemedicina por falta de acceso a Internet. Además no todos los pacientes tienen ordenadores o teléfonos inteligentes por lo que no van a tener acceso a las visitas por vídeo de telemedicina y, por lo tanto, los equipos sanitarios deberían realizar las visitas telefónicas cuando sea posible. A pesar de estas limitaciones, los servicios de telemedicina parecen prometedores, por lo que los programas de trasplante y hepatología deberían aumentar sus capacidades tanto como sea posible. La telepsiquiatría es otra modalidad que funciona para aquellos pacientes que tienen problemas de abuso de sustancias.

Está claro que la mejora de los servicios de telemedicina tendrá un impacto positivo significativo a largo plazo en la atención al paciente y que persistirá incluso después de esta pandemia.

Sugerimos que los programas consideren la planificación para la implementación de clínicas multidisciplinarias e integradas para la prevención y el tratamiento del consumo dañino de alcohol y para prepararse para el aumento esperado de pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol (compensados y/o descompensados), AUD y ALD después de COVID-19. Las estrategias prácticas para la situación actual incluyen objetivos tan simples como: 1) asegurar que haya reservas disponibles de los medicamentos esenciales, 2) refuerzo de la abstinencia de alcohol para las personas con ALD, y 3) reducción de daños y asesoramiento sobre los riesgos del consumo de alcohol en pacientes con enfermedad hepática crónica de origen no alcohólico, no ALD. Los centros de trasplante hepático y de hepatología, precisan formular una estrategia para combatir las difíciles circunstancias posteriores a COVID-19 que seguramente surgirán.

En previsión de la marea creciente esperada de pacientes con enfermedad hepática por consumo de alcohol (compensados y/o descompensados), ALD y AUD, los programas deberían acercarse proactivamente a los pacientes ahora para verificar cómo están pasando la situación y para asegurarse de que estén físicamente bien y ofrecerles apoyo de cualquier manera posible. La formulación de una estrategia de trabajo es especialmente importante porque ésta puede no ser la única ola de infección por COVID-19.

 

Fuente: Hepatology

Referencia: https://doi.org/10.1002/hep.31307

Artículo traducido y adaptado por ASSCAT

27/05/2020

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