“Hay que financiar los tratamientos para perder peso si hay comorbilidad”

06/02/2019 | Artículos, Noticias de prensa

Si la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la obesidad como una enfermedad, ¿se deberían financiar los medicamentos que ayuden a perder peso?

En opinión de Juana Carretero, internista del Hospital Comarcal de Zafra (Badajoz) y vicepresidenta segunda de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), “deberíamos intentar que su tratamiento esté financiado para pacientes con comorbilidades”.

Carretero reconoce que el tratamiento “es caro y la adherencia es poca: el paciente tiene que estar como mínimo 20 semanas con el fármaco, lo que supone aproximadamente un gasto de 1.100 euros” y eso hace que muchos pacientes desistan.

A partir de las 16-20 semanas “lo que se puede hacer es fraccionar la dosis: el efecto del fármaco disminuye pero se mantiene la pérdida de peso”. En pacientes obesos con comorbilidades el tratamiento es coste-eficaz “pero eso a la Administración no le vale” para financiarlo, admite.

Obesidad y apnea del sueño

Carretero ha hecho estas consideraciones durante la mesa redonda ‘La obesidad y sus comorbilidades. La importancia de la pérdida ponderal’, en el marco de la XIII Reunión de Diabetes, Obesidad y Nutrición de la SEMI.

En esta mesa ha hablado de la relación entre obesidad y síndrome de apnea e hipopnea del sueño, “una pareja de baile bastante peligrosa” que “se promocionan la una a la otra”. Es decir, la obesidad induce apnea del sueño y ésta, a su vez, induce obesidad.

Además, la apnea del sueño es una enfermedad muy prevalente y una de las principales causas del deterioro de la calidad de vida en el paciente obeso, ha explicado la internista. “Induce y promueve la enfermedad cardiovascular en el paciente obeso”.

Carretero aboga por la modificación del estilo de vida y los fármacos (liraglutida, topiramato) como tratamiento “y, si no van bien, cirugía bariátrica”. Sobre esta última, reconoce que “al inducir mayor pérdida de peso, el efecto beneficioso es mayor”.

Sobrepeso e hígado graso no alcohólico

En la mesa también ha participado Jorge Francisco Gómez Cerezo, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Infanta Sofía y coordinador del Grupo de Riesgo Vascular de la SEMI.

Gómez Cerezo ha disertado sobre la relación entre obesidad e hígado graso no alcohólico, recalcando que “el 25% de la población adulta tiene hígado graso en cualquier de sus formas, y también el 85% de los obesos”.

La SEMI tiene activo un Registro de Pacientes con Enfermedad del Hígado Graso no Alcohólico (Rehgna), en el que el sobrepeso y la obesidad está presente “casi en el 95% de los pacientes. Es el factor causal más importante”.

Determinación por FibroScan

Sin embargo, no se conoce muy bien el mecanismo que lleva de una a otra. La resistencia insulínica y la inflamación “quizá tienen un papel promotor de la enfermedad pero su importancia es mayor en el progreso”. Las adipoquinas, en cambio, “parecen cada vez más importantes para el comienzo de la enfermedad”.

Para la determinación de hígado graso avanzado es necesario evaluar el grado de fibrosis hepática con FibroScan, advierte el médico. “A partir de F2 hay incertidumbre; con F3 es importante y en F4 puede llegar a cirrosis”.

Como tratamiento “sólo hay una medida reconocida, la dieta hipocalórica, evitando grasas saturadas y bebidas azucaradas”. La cirugía bariátrica también es una opción.

 

Fuente: redaccionmedica.com

06/02/2019

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