Durante la última semana de abril, se ha celebrado la Semana Mundial de la Inmunización que tiene como objetivo promover el uso de vacunas para proteger a las personas de todas las edades contra las enfermedades. La inmunización salva millones de vidas cada año y es ampliamente reconocida como una de las intervenciones de salud más exitosas y rentables del mundo.

Sin embargo, todavía hay casi 20 millones de niños no vacunados en el mundo actualmente.

La campaña #VaccinesWork de este año llega en un momento crítico. Nos involucrará a todos, desde los gobiernos, a los trabajadores de la salud y a los ciudadanos, en nuestra función de padres, maestros, familiares o amigos, para asegurarnos de que todas las personas estén vacunadas en el momento adecuado y que permanezcamos protegidos juntos.

Para los trabajadores de la salud, la muerte de un niño siempre golpea fuerte, pero esta tragedia se siente más profunda cuando se debe a una enfermedad que se puede prevenir fácilmente con una vacuna segura y efectiva.

El profesor Berthold Koletzko, pediatra de uno de los hospitales más grandes de Múnich, ha visto de primera mano las consecuencias alarmantes de que los niños no sean vacunados. Esto ha llevado a que queden expuestos a enfermedades que, en Europa, se pensaba que se limitaban a un pasado lejano: enfermedades como el sarampión o el tétanos, que antes sólo había visto mientras estaba en el extranjero en su juventud.

“Lo que estamos viendo es que cada vez hay más padres que no son conscientes de los peligros de estas enfermedades. En mi juventud, conocimos a niños que sufrieron daños a causa de ellas. Nosotros, en nuestro trabajo en los hospitales, aún vemos su impacto, pero para las nuevas generaciones de padres, que no han estado en contacto con enfermedades infecciosas graves, pueden sentir que es un problema remoto”.

Según los datos preliminares de la OMS, el sarampión aumentó alrededor del 300% a nivel mundial en los primeros tres meses de 2019, en comparación con el mismo período del año anterior, con un aumento considerable en todas las regiones del mundo.

Las razones por las que los niños no reciben sus vacunas son diversas. La mayoría es consecuencia de una falta fundamental de acceso a los servicios de vacunación, como en África subsahariana, por tener una cobertura baja, y representa la mayor parte de los casos.

Sin embargo, en lugares con tasas de inmunización históricamente altas, un falso sentido de seguridad y falta de interés, ya sea de padres, personal médico-sanitario, políticos o gobiernos, también puede desempeñar un papel, y tiene un coste extremadamente alto.

Una historia de éxito en salud pública

Los brotes de sarampión de hoy expresan un retroceso generalizado después de décadas de progreso difícilmente ganado.

El 85% de los niños del mundo, lo que representa un aumento de un 20% en relación a 1980, recibe ahora las vacunas esenciales que salvan vidas, protegiéndolos a ellos y a sus comunidades no sólo contra el sarampión sino también contra la difteria, el tétanos, la tosferina, la hepatitis B y la poliomielitis.

Este nivel de protección se logra a través de un fuerte impulso mundial para aumentar el acceso y la asequibilidad de las vacunas, con el apoyo en las últimas décadas de nuevas asociaciones como GAVI, la Alianza de Vacunas, que se centra en ampliar la disponibilidad de vacunas en los países más pobres, y la Iniciativa Contra el Sarampión y la Rubéola.

A partir de estos esfuerzos, las ganancias de salud resultantes son altas.

Y ha habido un impacto similar en muchas otras enfermedades antes temibles. Hace sólo 30 años, por ejemplo, el poliovirus salvaje se extendió por 125 países, y fue la causa de que millones de personas sufrieran una parálisis de por vida. El año pasado hubo infecciones por poliovirus salvaje en sólo dos países, Afganistán y Pakistán, con sólo 33 casos confirmados en todo el mundo.

El tétanos materno y neonatal, una enfermedad a menudo fatal, se ha eliminado en todos los países menos en 13, gracias a la vacunación de las madres antes o durante el embarazo. Además existen resultados prometedores de las naciones que han introducido la vacuna contra el virus del papiloma humano en una etapa temprana, que sugieren que el cáncer de cuello uterino va a disminuir.

Mientras tanto, nuevas vacunas están en el horizonte para proteger contra algunos patógenos peligrosos. La vacuna contra el ébola, rVSV-ZEBOV ya ha desempeñado un papel fundamental en el control de la propagación del brote actual en la República Democrática del Congo, mientras que la RTS-S, es la primera vacuna contra la malaria en el mundo, y se está probando en programas de inmunización de rutina en tres países africanos.

Demasiados vacíos en la cadena de protección

Sin embargo, ante los recientes brotes de enfermedades prevenibles por vacunación aparecen los fallos persistentes en nuestras defensas.

Durante años, las tasas globales de inmunización se han estancado. Mientras que el 85% de cobertura significa que aproximadamente 116 millones de niños reciben sus vacunas cada año, también significa que aproximadamente 20 millones se pierden las vacunas.

Quedan ocho países en los que menos de la mitad de los niños son vacunados. Y hay 10 países: Afganistán, Angola, la República Democrática del Congo, Etiopía, India, Indonesia, Irak, Nigeria, Pakistán y Sudáfrica, que representan alrededor del 60% de los no inmunizados.

“La mayoría de los no vacunados viven en lugares donde hay pobreza grave, conflictos y un bajo acceso a las vacunas”, explica la Dra. Kate O’Brien, directora de Vacunas e Inmunización de la OMS. A medida que las crisis humanitarias se vuelven más comunes y prolongadas, con cifras récord de personas desplazadas, estos desafíos se intensifican.

E incluso en un país con una alta cobertura general, pueden existir grandes disparidades dentro de sus fronteras.

“Si una enfermedad regresa a una comunidad”, explica O’Brien, “las brechas en la vacunación pueden significar que hay suficientes oportunidades para que la enfermedad se afiance, continúe y se propague rápidamente”.

Identificando los enlaces que fallan

En todos los países existen personas con diferentes niveles de ingresos, las desigualdades en el acceso son la barrera fundamental para la vacunación, y los niños más pobres son los que tienen menos probabilidades de recibir sus vacunas de manera completa y puntual. Pero en algunos países donde el acceso es alto, también hay padres que retrasan o rechazan las vacunas para sus hijos porque no están seguros de la vacunación.

A menudo existen grupos reducidos que realizan campañas “contra la vacunación”, las dudas y retrasos en la administración de las vacunas es un fenómeno complejo, con muchas y variadas causas.

Las dudas e indecisiones sobre la vacunación puede vincularse a factores como la falta de confianza en el sistema de salud y la medicina convencional, o ansiedades alimentadas por eventos específicos: temas que requieren un compromiso y un esfuerzo importantes para solucionarlos.

Durante el brote de ébola en África Occidental, en Sierra Leona, la cobertura de vacunación esencial se desplomó cuando los padres temían llevar a sus hijos a clínicas de salud. Hoy, se ha vuelto a los niveles anteriores, pero ello requirió un gran esfuerzo por parte de las autoridades de salud para restablecer la confianza, para que los padres y sus hijos regresen a sus servicios de salud.

Los padres también pueden tener dudas porque carecen de información precisa sobre la seguridad de las vacunas o la gravedad de las enfermedades contra las que protegen.

Incluso en Europa, Canadá y Estados Unidos, por ejemplo, aproximadamente 1 de cada 4 niños con sarampión precisará ser hospitalizado, mientras que 1 de cada 15 sufrirá complicaciones potencialmente mortales, como son neumonía o encefalitis (una hinchazón peligrosa del cerebro). “Los padres están cada vez más expuestos a mucha información confusa y conflictiva sobre las vacunas”, explica Koletzko. El peligro es que donde existe esta incertidumbre de base, puede ser alimentada por campañas de información errónea, “fake news”.

En línea, esta información errónea puede viajar rápido, a través de las fronteras, con afirmaciones sin fundamento, acoso a defensores de la vacuna y contenido dañino no científico reproducido de forma viral en todas las plataformas digitales.

Con todo esto dicho, hay mucho que se puede hacer para que la vacunación sea de fácil acceso y conveniente, al tiempo que se asegura que el público esté bien informado y que esté “preparado para la vacunación”.

La evidencia muestra que, a nivel mundial, muy pocos padres se oponen abiertamente a la vacunación. “La realidad es que, donde existe la oportunidad, la mayoría de los padres deciden vacunar a sus hijos a tiempo”, explica Lisa Menning, experta en temas de demanda de vacunas, de la OMS. “Algunos padres se encuentran inseguros o reacios; sólo una pequeña minoría se niega”.

Cuando aquellos que no están seguros se manifiestan, vemos que hay oportunidades para comprender y abordar sus inquietudes. “Es de vital importancia escuchar las preguntas e inquietudes de los padres y responderles con cuidado y compasión”, añade.

Abordar la propagación de información errónea sobre las vacunas también es importante. Varias plataformas online han dado los primeros pasos para reprimir las noticias falsas relacionadas con la vacuna, pero no es el punto final. Se necesita trabajo a largo plazo para desarrollar el conocimiento de la salud de la población y la resistencia a los rumores y a la desinformación, y para generar confianza en los servicios de salud.

Esto requiere estrategias integrales: en lugar de apagar incendios, debemos trabajar para promover los beneficios de las vacunas, que van a proteger la vida de la persona e involucrar a todos los profesionales de la salud en esta búsqueda. “Cada revisión”, dice O’Brien, “debería ser una oportunidad para controlar la vacunación”.

Esto abarca a los trabajadores de la salud de todo tipo: desde las comadronas que tienen una gran parte de los contactos iniciales con nuevos padres, hasta farmacéuticos, médicos generales y enfermeras. Para ser una fuente de información confiable, “deben tener las herramientas y el tiempo disponibles para participar adecuadamente informando a los padres en este tema crítico”, dice Menning.

Además, significará la creación de sistemas de inmunización en los servicios de atención primaria que merecen la confianza de los padres, que son asequibles y tienen personas empáticas.

Un derecho para todos los niños y una responsabilidad compartida

En última instancia, abordar la falta de vacunación, tanto a través del acceso como de la aceptación, requiere que se considere el compromiso de toda la sociedad con la vacunación como un derecho para todos los niños y también como un contrato social.

Como lo han demostrado los brotes recientes, ningún país y ningún individuo pueden darse el lujo de tener poco interés por las vacunas. Apagar incendios: responder a un brote tras otro es costoso, ineficaz y cuesta vidas. La única respuesta sostenible es la prevención, asegurando que todas las personas estén vacunadas en el momento adecuado con las vacunas adecuadas a lo largo de sus vidas.

Las vacunas no sólo salvan vidas, ayudan a los niños a aprender y a crecer, significan más días en la escuela, evitan muchos riesgos debilitantes de las enfermedades infantiles y reducen los costes de atención médica, protegiendo a las familias y comunidades de caer en la pobreza.

“No hay absolutamente ningún ‘debate’ sobre los beneficios en comparación con los riesgos de las enfermedades”. dijeron el Dr. Tedros y Henrietta Fore, jefes de la OMS y de UNICEF en una reciente aparición en la CNN. Se han logrado grandes avances, pero se necesita hacer mucho más para garantizar que las vacunas puedan continuar protegiendo a las personas en el futuro.

Esto, dicen, “requerirá esfuerzos a largo plazo, compromiso político e inversión continua (en el acceso a las vacunas, en la calidad de servicio y también en la confianza) para asegurarnos de que estamos, y seguimos, protegidos juntos”.

 

Fuente: who.int

Noticia traducida por ASSCAT

02/05/2019

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