“Si no encontramos nuevos antibióticos, de aquí a 10 años tendremos un problema grave”

03/12/2019 | Noticias de prensa

Entrevista a Jordi Vila, jefe de Microbiología Clínica del Hospital Clínic de Barcelona.

“¡Es la evolución, estúpidos!”, podríamos decir perfectamente. Parece mentira que no lo hayamos previsto o que, incluso sabiéndolo, no hayamos hecho nada hasta ahora ya que es un problema de salud de primer orden. Cada vez hay más bacterias resistentes a los antibióticos, que en Europa provocan cada año 25.000 muertes, según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, en sus siglas en inglés).

Y es la evolución, sí. Las bacterias experimentan cambios en su material genético que se producen al azar. Estas mutaciones les pueden conferir resistencia a los antibióticos. Si estos medicamentos se utilizan cuando no son necesarios, se acaban exterminando las bacterias sensibles y sólo sobreviven los resistentes, que se reproducen y proliferan con más facilidad.

Con el objetivo de analizar el problema y de encontrar soluciones, se celebraron en Barcelona las jornadas B·Debate, organizadas por Biocat, La Caixa y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

El encuentro coincidió con la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antibióticos, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha fijado con el objetivo de fomentar buenas prácticas entre la población general, los trabajadores de la salud y los responsables de las políticas públicas.

Uno de los líderes científicos del evento fue Jordi Vila, director de la Iniciativa de Resistencias Antimicrobianas del Instituto de Salud Global y jefe de Departamento de Microbiología Clínica del Hospital Clínic.

¿Cuál es la tendencia actual de la resistencia a los antibióticos?

Es evidente que está aumentando de una manera progresiva, más en unos países que en otros, como demuestran los datos de la Unión Europea.

¿Qué diferencias hay entre países?

Hay una línea que separa muy bien el norte y el sur. Los países escandinavos, Holanda incluida, tienen niveles de resistencia mucho más bajos que los países del Mediterráneo como Grecia o Italia, que se llevan la palma, o España y Portugal.

La causa de este aumento es el abuso de antibióticos, y no sólo en humanos

Sí, porque del consumo mundial de antibióticos, el 70% está destinado a animales y el 30% a humanos. I las bacterias que se vuelven resistentes en los animales pueden llegar a las personas. Por eso la OMS acuñó hace unos años el concepto One health (Una salud), porque los animales, los seres humanos y el medio ambiente no se pueden considerar compartimentos estancos no conectados. En este sentido, el ministerio está llevando a cabo una serie de acciones para controlar la aparición y diseminación de bacterias resistentes en España. El problema es que en países como Inglaterra se destina un presupuesto de 42 millones de libras a estas acciones y en España la cifra no llega a los dos millones de euros.

¿Cómo pueden pasar a los humanos las bacterias resistentes de los animales?

Por contacto directo y a través de la cadena alimentaria. En el ISGlobal, por ejemplo, colaboramos con un trabajo de investigación de una estudiante de bachillerato que analizó las bacterias resistentes en el tracto intestinal de los perros. Uno de los resultados más curiosos del estudio se encontró en una familia que acababa de tener un hijo. El perro de la familia era portador de bacterias resistentes, y también se encontró en las heces del bebé. Procedían del perro, claro.

¿Qué problemas pueden producir en estos casos las bacterias resistentes?

Las bacterias resistentes pueden vivir meses o años en los intestinos sin que pase nada. El problema viene cuando se produce una infección provocada por estas bacterias. Entonces la probabilidad de tratar correctamente la infección es más baja.

Según la OMS la resistencia a los antibióticos es uno de los principales problemas de salud a escala mundial.

La OMS publicó hace poco un listado de diez amenazas de salud, entre las que están las bacterias resistentes. Además, hay unos datos bastante escalofriantes de cuando David Cameron gobernaba en Inglaterra. Cameron tomó conciencia de que la resistencia a los antibióticos era un problema importante y encargó al economista Jim O’Neill que estudió la situación e hizo una proyección de futuro. Según el informe final, en 2016 había en todo el mundo 700.000 muertos anuales de pacientes con bacterias resistentes, y las previsiones para 2050 eran de diez millones anuales de muertes. Teniendo en cuenta que cada año mueren unos nueve millones de personas de cáncer, es necesario hacer algo.

¿Qué se puede hacer?

Incluso en los países que están tomando medidas importantes para luchar contra el mal uso de los antibióticos hay un incremento de bacterias resistentes. Por tanto, además de racionalizar el uso de antibióticos y evitar la diseminación de las bacterias resistentes, a la larga se necesitarán nuevos antibióticos. El problema es que desde el momento en que se encuentra una molécula que tiene un efecto antibiótico hasta que llega al mercado pueden pasar entre ocho y diez años. O sea que nos hemos de poner las pilas ya porque tal y como está evolucionando la resistencia, de aquí a cinco o diez años nos encontraremos con un problema mucho más grave.

Pero cada vez se crean menos antibióticos nuevos.

Efectivamente, en los últimos 30 años se han producido dos nuevos antibióticos. Y el problema es que de los 42 que hay actualmente están en fase clínica, es decir, que se están probando en humanos, sólo hay uno que tenga un mecanismo de acción nuevo y que se pueda considerar realmente un nuevo antibiótico. El resto son derivados de antibióticos que ya existen.

Sin antibióticos nuevos, ¿qué se puede hacer?

Por un lado, hemos de evitar que aparezcan bacterias resistentes. Esto se consigue haciendo un buen uso de los antibióticos. En primer lugar, en los hospitales. Ya lo hacemos en la mayoría de hospitales, porque tenemos enfermos inmunodeprimidos y no queremos que padezcan ninguna infección. En otro nivel, todos hemos de hacer un buen uso de los antibióticos. No nos hemos de automedicar ni tomar sin receta médica, medidas que no nos cansamos de repetir pero que parece que la gente no se acaba de hacer suyas. Los veterinarios también han de ir con cuidado y utilizar bien los antibióticos en los animales. Y, finalmente, están las farmacias, que, tal y como dice la ley, no tendrían que suministrar antibióticos sin prescripción médica. A nivel estatal también se han de establecer y poner en práctica planes de acción. La OMS tendría que liderar la integración de los planes de todos los países y no lo está haciendo bastante.

¿Qué consecuencias tiene esta falta de coordinación?

Hace unos años hicimos un estudio para medir si la gente que va de vacaciones a países tropicales y subtropicales volvía con bacterias resistentes. Y vimos que un 25% llegaba con estas bacterias. Cuando lo analizamos en función del país visitado, descubrimos, por ejemplo, que dos de cada tres personas que habían ido a la India volvían con bacterias resistentes. Si estas personas no tienen una infección, pueden no tener ningún problema, pero las bacterias van pasando a nuestro ecosistema. Nos encontramos que estamos haciendo un esfuerzo para evitar la aparición de bacterias resistentes y nos llegan de otros países.

Además de evitar la generación de bacterias resistentes, ¿qué se puede hacer para evitar que se extiendan?

En los hospitales hacemos una vigilancia diaria. Cuando detectamos bacterias resistentes en un paciente, la aislamos en una habitación individual, tomamos medidas de barrera y limpiamos exhaustivamente las habitaciones. Además, cuando ingresamos enfermos con una gastroenteritis y sabemos que vienen de países como la India, controlamos si son portadores de bacterias resistentes. Si el resultado es positivo, las aislamos. En un hospital de Córdoba, por ejemplo, tienen un problema grave con una bacteria denominada Klebsiella, que ha provocado muchas infecciones. Esta bacteria es muy abundante en Italia y resulta que llegó a través de una estudiante de Erasmus que vivía allí y tuvo un accidente. La atendieron en un hospital italiano, allí se contaminó y después volvió aquí. No se hicieron controles y la bacteria se extendió por todo el hospital. Al cabo de un año aún tenían problemas.

¿Y fuera de los hospitales qué se puede hacer?

A nivel ciudadano, la medida principal para evitar la diseminación es tan sencillo como lavarse las manos. Después de viajar en transporte público o después de visitar a un enfermo, es necesario lavarse las manos.

¿A qué conclusiones se ha llegado en el B·Debate?

Por un lado, hay conclusiones que permiten un cierto optimismo. La investigación básica en este campo es muy activa y hay muchas moléculas que son buenas candidatas a erigirse como nuevos antibióticos. El problema es que los ensayos clínicos para probarlas en humanos son muy caros. Esto lo debería asumir la industria farmacéutica, pero hay muchas empresas que no lo hacen.

¿Cómo se puede conseguir que lo hagan?

Una posibilidad es aumentar el tiempo de patente para que no se produzcan antibióticos genéricos tan pronto y no bajen los precios del medicamento. También se puede plantear la posibilidad de cofinanciar los ensayos clínicos desde instituciones públicas. Otra medida interesante consistiría en cambiar la regulación de los antibióticos para agilizar el proceso de aprobación oficial.

¿La creación de una farmacéutica pública europea no tendría sentido?

Que los gobiernos asumieran el rol de farmacéutica sería la opción ideal, pero no es fácil de poner en práctica porque es complicado poner de acuerdo a todos los países. La opción que hoy en día parece más factible es la de la cofinanciación.

 

Fuente: ara.cat

Noticia traducida por ASSCAT

03/12/2019

SÍGUENOS EN NUESTRAS RRSS

TE PODRÍA INTERESAR

Related Post