Las personas pueden tener enfermedad grave del hígado por dos causas que se potencian: el alcohol y la grasa hepática. 

Hace años se opinaba que un consumo de alcohol de leve a moderado podía ser protector frente a una enfermedad hepática grave. Pero según datos publicados recientemente, se ha confirmado que las personas que sufren obesidad tienen un mayor peligro de lesión hepática grave incluso con un consumo moderado de alcohol y van a tener un peor pronóstico.

Yoosoo Chang, MD, PhD, de la Universidad Sungkyunkwan en Corea del Sur, y sus colegas escribieron que, si bien los estudios habían sugerido en el pasado que la ingesta moderada de alcohol se correlacionaba con un menor riesgo de enfermedad hepática, los estudios recientes han demostrado un aumento de esteatohepatitis (NAFLD/NASH) y avance en la progresión de lesiones de fibrosis en comparación con el no consumo de alcohol.

Los autores escribieron: “Es importante destacar que, la esteatosis hepática simple (grasa sin inflamación del hígado) no sería un criterio de gravedad y sólo la esteatohepatitis o sea con aparición de inflamación y fibrosis se asocia con resultados hepáticos adversos, la inclusión de esteatosis hepática simple como criterio de valoración (sin considerar ni la inflamación ni la fibrosis hepática) puede proporcionar una información engañosa sobre el efecto del consumo de alcohol, aunque sea en baja cantidad, en la salud del hígado”.

El estudio incluyó a 190.048 participantes que bebían hasta 30 gramos de alcohol por día si eran hombres o hasta 20 gramos por día si eran mujeres. Durante un período de seguimiento medio de 4,1 años, 43.466 participantes desarrollaron esteatosis hepática simple y 2.983 desarrollaron esteatohepatitis con fibrosis, observando aumento en la puntuación del índice FIB-4.

Chang y sus colegas demostraron además que, la correlación entre el consumo de alcohol y el riesgo de esteatosis hepática o esteatohepatitis con un aumento de la fibrosis (FIB-4) difería significativamente por la presencia de obesidad, el consumo moderado en aquellos sin obesidad se correlacionó con la aparición de esteatosis hepática simple mientras que las personas con obesidad sufrieron esteatohepatitis y aumento del FIB-4.

“Estos datos demuestran que los efectos de un bajo consumo de alcohol en el hígado se modifican si existe obesidad concomitante”, y también añaden: “Sugerimos que tanto en sujetos obesos como en no obesos, se deberían reevaluar los umbrales para el consumo seguro de alcohol”.

Comentario de ASSCAT

La enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD, en sus siglas en inglés) es una causa común de enfermedad hepática crónica con una prevalencia creciente, que puede progresar a cirrosis e insuficiencia hepática. Debido a la epidemia de obesidad y la creciente prevalencia del síndrome metabólico, la NAFLD y su forma progresiva, la esteatohepatitis no alcohólica, se observan con mayor frecuencia en diferentes partes del mundo. Este artículo quiere llamar la atención e informa sobre el riesgo de la ingesta alcohólica aunque sea en poca cantidad, alerta sobre el aumento de la toxicidad por alcohol en las personas obesas, y que las personas con hígado graso van a presentar más precozmente daño hepático por alcohol. Los hallazgos comentados en este artículo se han duplicado también en la población occidental y son importantes para llamar la atención sobre la salud hepática. 

 

Fuente: healio.com

Referencia: Chang Y, et al. Hepatol. 2019; doi:10.1002/hep.30867.

Noticia traducida y adaptada por ASSCAT

06/09/2019

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