Hepatitis B

Síntomas comunes y su manejo

La hepatitis B tiene un curso clínico muy variable, desde infección subclínica sin síntomas a progresión a cirrosis/hepatocarcinoma (HCC) y posible insuficiencia hepática.

En la fase de infección aguda la mayoría de personas no tienen síntomas. Sin embargo, en algunos casos se presenta con síntomas de hepatitis aguda no específica como: coloración amarillenta de piel y ojos (ictericia), orina oscura, cansancio, náuseas, vómitos, pérdida importante de peso y dolor abdominal que pueden durar varias semanas. En un pequeño porcentaje, los pacientes con hepatitis aguda desarrollan insuficiencia hepática aguda grave que requiere hospitalización urgente e incluso necesidad de recibir un trasplante hepático. En algunas personas, si la hepatitis aguda no se resuelve en 6 meses, evoluciona a la forma de infección crónica.

A continuación, se exponen los síntomas más frecuentes relatados por los pacientes con hepatitis B crónica. No todos los pacientes presentan todos los síntomas y, además, aunque tengan alguno o algunos de ellos no los tienen de forma permanente, aunque si la enfermedad hepática avanza, estos síntomas pueden agudizarse o presentarse otros de nuevos. Algunos síntomas que pueden presentar las personas con hepatitis B: falta de apetito, náuseas, sensación de indigestión, dolor de cabeza, dolor abdominal, dolor muscular o de las articulaciones, cambios de humor, etc.

Lo importante es que el paciente sea consciente de que tiene el problema de algunas de estas sintomatologías y que tenga las pautas para manejarlas con actitud positiva.

La fatiga es uno de los síntomas más frecuentes en las personas que tienen hepatitis B, producida por la propia enfermedad, una sensación de cansancio que consiste en no tener energía para hacer las cosas de la vida diaria. Además, la edad también contribuye a que la persona se mueva cada vez con más pesadez. Muchos pacientes manifiestan que quieren salir a la calle a caminar o a dar un paseo, pero que cuando han recorrido unos pocos metros ya están cansados y quieren regresar a casa. Hay que tener en cuenta que el reposo sólo ayuda de forma relativa a recuperar las fuerzas y la hepatitis aguda no requiere reposo.

Como la fatiga proviene de la enfermedad hepática, parece lógico pensar que acabando con la situación se resuelve el problema. Pero esto no siempre es posible, y por eso se deberá buscar la forma de “convivir” con la fatiga. Convivir con la fatiga implica aceptar que no podemos evitar que esté allí, pero que vamos a hacer todo lo posible para que nos perjudique lo mínimo.

Es suficiente con andar unos 20 o 30 minutos, a paso normal, cada día o casi cada día. Si ya practicas ejercicio en un gimnasio o piscina, es recomendable mantenerlo tanto como se pueda.

Habrá días en los que se está más cansado. Es algo normal, y por supuesto estos días podrías permanecer en casa, o hacer un paseo más corto. En cambio, otros días te vas a sentir con más ánimos, y podrás realizar las actividades con más vigor. La práctica de la actividad física te va a ayudar también a regular los horarios de sueño, a tener más hambre, a mantener el peso, a mejorar el estado de ánimo, a cuidar el corazón y el resto del cuerpo.

Tu médico también puede orientarte sobre cuál es la forma más adecuada de actividad física para ti, de acuerdo con tu estado de salud.

 

07/06/2018

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