COVID-19 y enfermedad hepática

28/10/2020 | Noticias de prensa

Las personas que presentan un caso de cirrosis hepática avanzada son más propensas a sufrir complicaciones graves con la COVID-19 y a morir por este motivo, pero las que han sido sometidas a un trasplante de hígado no parecen correr un mayor riesgo.

El doctor Thomas Marjot, junto con un equipo de colaboradores de la Universidad de Oxford (Reino Unido), analizó los datos procedentes de dos registros internacionales de personas con enfermedad hepática y COVID-19. El registro SECURE-Cirrhosis incluye informes de casos de América del Norte y del Sur y de partes de Asia, mientras que el registro COVID-HEP de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado (EASL, en sus siglas en inglés) incluye informes procedentes del resto del mundo. El doctor Marjot presentó los resultados clínicos de 745 personas con enfermedad hepática crónica y COVID-19 (de las que 386 habían acabado desarrollando cirrosis) registradas hasta el 8 de julio de 2020.

El análisis comparó los datos de las personas sin cirrosis con las que tenían cirrosis de clase A, B y C en la escala de Child-Pugh (siendo C la de mayor gravedad).

Al aumentar el nivel de gravedad de la enfermedad hepática, el riesgo de sufrir resultados clínicos adversos (como ingreso en la unidad de cuidados intensivos, necesidad de ventilación mecánica o muerte) aumentó de manera gradual.

La mayor parte de las personas sin cirrosis sobrevivieron, y la tasa de mortalidad fue del 8% entre las que fueron hospitalizadas y del 21% entre las que recibieron ventilación mecánica. En cuanto a las personas con cirrosis de clase A en la escala de Child-Pugh, la tasa de mortalidad fue del 22% una vez hospitalizadas y del 52% entre las que necesitaron respirador. En lo que respecta a las personas con cirrosis de clase B, las tasas de mortalidad fueron del 39% y 74%, respectivamente. Por último, entre las que tenían cirrosis de clase C, fallecieron más de la mitad de las que fueron hospitalizadas (54%) y casi la totalidad de las que necesitaron respiradores (90%).

La causa más frecuente de muerte entre las personas con cirrosis y COVID-19 fue la enfermedad respiratoria (71%), superando con creces los fallecimientos relacionados con problemas hepáticos (19%) y por problemas cardíacos (5%). Casi la mitad de las personas con cirrosis (46%) experimentaron descompensación hepática, pero incluso en este subgrupo de pacientes, la enfermedad pulmonar fue la principal causa de muerte, por encima de las complicaciones hepáticas (64% frente a 24%, de forma respectiva).

La profesora Marina Berenguer Haym, de la Universidad de Valencia (España), presentó un análisis de los resultados clínicos de las personas receptoras de trasplantes de hígado que tuvieron la COVID-19, a partir de los datos procedentes de las dos bases de datos mencionadas, y los resultados se publicaron en The Lancet Gastroenterology and Hepatology.

En su análisis se incluyeron datos de 181 personas en 18 países que recibieron un trasplante de hígado y tuvieron la COVID-19. El grupo de control estuvo compuesto por 627 personas con la COVID-19, pero que no habían recibido ningún trasplante.

Las personas trasplantadas y las no trasplantadas presentaron tasas de hospitalización por la COVID-19 similares (82% frente a 76%, de forma respectiva). No obstante, las personas trasplantadas fueron más propensas a ser ingresadas en cuidados intensivos (28% frente al 8%) y a necesitar un respirador (20% frente al 5%). A pesar de ello, el grupo de personas con trasplante presentaron una tasa de mortalidad algo inferior a la de las personas no trasplantadas (19% frente al 27%).

“Deberíamos asegurarnos de que profesionales médicos y responsables de políticas sanitarias sean conscientes de que el trasplante de hígado no hace que haya una mayor susceptibilidad a sufrir un resultado clínico adverso”, declaró el profesor Thomas Berg, de la Universidad de Leipzig (Alemania). Sugirió que es más preocupante que las personas con enfermedades hepáticas puedan evitar la atención médica por miedo a la COVID-19, lo que podría traer consigo olas de complicaciones hepáticas avanzadas en el futuro.

 

Fuente: infohep.org

28/10/2020

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