Síntomas comunes y su manejo

A continuación se exponen los síntomas más frecuentes relatados por los pacientes con hepatitis C crónica. No todos los pacientes presentan todos los síntomas y además aunque tengan alguno o algunos de ellos no los tienen de forma permanente , aunque si la enfermedad hepática avanza , estos síntomas pueden agudizarse o presentarse otros de nuevos.
Lo importante es que el paciente sea consciente de que tiene el problema de alguna de estas sintomatologías y tenga las pautas para manejarlas con actitud positiva.
Algunos de estos síntomas pueden ser más intensos si se está tomando el tratamiento para curar la hepatitis C, aunque como noticía muy positiva , debemos tener en cuenta que los nuevos fármacos innovadores que están en camino no tienen tantos efectos adversos y se tomarán durante menos tiempo.

La fatiga es uno de los síntomas más destacados de la hepatitis C, tanto la producida por la propia enfermedad como la que puede causar el tratamiento. Además la edad también contribuye a que nos movamos cada vez con más pesadez. La sensación de fatiga consiste en no tener energía para hacer las cosas. Muchos pacientes manifiestan que quieren salir a la calle a caminar o a dar un paseo, pero que cuando han recorrido unos pocos metros ya están cansados y quieren regresar a casa. Hay que tener en cuenta que el reposo sólo ayuda de forma relativa a recuperar las fuerzas.

Como la fatiga proviene de la enfermedad hepática o de su tratamiento, es lógico pensar que acabando con estas situaciones se resuelve el problema. Pero esto no siempre es posible, y por eso podemos buscar la forma de “convivir” con la fatiga. Convivir con la fatiga implica decidir que no podemos evitar que esté allí, pero que va a perjudicarnos lo mínimo posible.

Una de las prácticas que alimenta la fatiga es, precisamente, quedarse quieto; se apunta como una de las muchas ventajas de practicar ejercicio físico el aumento de la sensación de energía para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Pero, ¿cómo podemos practicar ejercicio si la propia fatiga nos lo impide?Podemos verlo utilizando un símil. Imagínese que está en una casa en la montaña. Es de noche y hace frío. Por eso tiene la chimenea encendida. Si no le echa leña, ¿qué ocurre? El fuego se apaga. Pero tampoco puede echar demasiada leña, porque si el fuego no tiene oxígeno se ahoga y también se apaga. La energía es como el fuego, y la actividad física viene a ser la leña. Si vamos realizando actividad física, nos mantendremos con la energía “encendida”; si la abandonamos, nuestra energía se va a apagar. Pero tampoco podemos hacer un sobre-esfuerzo, porque nos llevaría al malestar, y convertiría la actividad en algo imposible. Por otra parte también es importante descansar de forma adecuada después de haber realizado una actividad que implique un esfuerzo.

Esto lo podemos considerar “negociar con la fatiga”: Vamos a decirle a nuestra fatiga que no podemos echarla de nuestra vida, pero que la mantendremos a raya. Todo el terreno que le dejemos, es terreno que se va a tomar. Para evitarlo, lo mejor es estar activo en la medida de lo posible, y para ello no hace falta practicar ejercicio intenso. Es suficiente con andar unos 20 o 30 minutos, a paso normal, cada día o casi cada día. Si ya practicamos ejercicio en un gimnasio o piscina, es recomendable mantenerlo tanto como se pueda.

Habrá días en los que estaremos más cansados. Es algo normal, y por supuesto estos días podemos darnos permiso a nosotros mismos para permanecer en casa, o hacer un paseo algo más corto. En cambio otros días nos sentiremos con más ánimos, y podremos ponernos a hacer actividad con más vigor. La práctica de la actividad física nos va ayudar también a regular los horarios de sueño, a tener más hambre, a mantener el peso, a mejorar el estado de ánimo, y a cuidar nuestro corazón y el resto del cuerpo.

Su médico también puede orientarle sobre cuál es la forma más adecuada de actividad física para usted, de acuerdo con su estado de salud.

Información elaborada con la colaboración de Joan Vilallonga / www.espaipsicosalut.net

Otros síntomas pueden ser:
Falta de apetito
Náuseas
Indigestión
Dolor de cabeza
Dolor abdominal
Dolor muscular o de las articulaciones
Cambios de humor
Confusión o desconcierto

Última actualización: 23/03/14