¡Esperando esperanzada!

Al ralentí, dejando en stand by los proyectos que mi mente ilusionada planifica.

Estoy enferma y mi cara no lo demuestra, se ve mejor que en los últimos años, ¡qué contradicción!

Mi cuerpo se siente como si llevara una pesada carga sobre los hombros, pensar es un esfuerzo “mental”, moverme es físico y mental, escribir, ahora mismo es un reto, las palabras vienen y van y como puedo intento pillarlas al vuelo, lucho por hacerlo, espero que me ayude a ver con más claridad.

Trenca a la Tamariua - web

Trenca a la Tamariua/ Pintura de la autora de esta vivencia

Quiero pintar, necesito pintar, es mi vida y aunque no lo parezca necesito mi mente al 100%,  pero la concentración viene y va, se pierde, divaga cansada como yo. No pasaría nada si encontrara la fórmula para vivir del aire y alimentarme del silencio, pero no es así, cada mes llegan puntualmente las obligaciones me venga bien o no, a veces me desespero. Y pienso, si ya tienes mucho trabajo hecho, descansa hasta que llegue el momento, ya, pero hay que enseñar para que vean mis obras y eso no se hace solo.

Y solo añoro el silencio, el no hacer, olvidar la obligación, un abrazo de mis hijos, los cuidados de mi madre que está para que la cuide yo, deseo, deseo con fuerza que me den YA  la “maldita” medicación.

Vengo haciendo un resumen mental de cómo he llegado a esta situación y haciendo balance llegue a ver otra GRAN contradicción, una transfusión de sangre el día que nació mi hija, mi vida en peligro, el mismo día en que mi tía la perdió, una vida llega, otra se va, otra queda hipotecada sin saberlo. Todo queda compensado viendo su cara, aquel día y todos y cada uno hasta hoy.

Esperando esperanzada a que me toque el turno, contenta de que ahora ya haya cura después de pasar años y años con miedo a un futuro que esperaba lejano y ya llegó; ahora hay esperanza, confío. Pero el miedo también aflora, faltan tres días para una nueva visita al médico, me harán la prueba que dirá cuál es mi situación real. Si mi cansancio es justificado o solo es la tristeza de la estación otoñal. Sabré si hay prisa por medicarme o la crisis me hará esperar más, el tiempo pasa despacio y arrastrándose y a la vez, va a la velocidad vertiginosa del acelerador que aprieta el miedo a saber.

En una pausa de este escrito llegó el día del Fibroscan, ya lo sé, fibrosis 4, cara de póker del médico, creo que le sorprende el resultado, pocas respuestas más allá de que no queda presupuesto para mi medicación. Tendré que esperar, dichosa palabra, al próximo año, enero, febrero, marzo, vete a saber.

Primero me quedo aturdida, ¿cómo voy a esperar si me arrastro y el esfuerzo de vivir es como una losa en mis hombros? Me inunda la tristeza y un mar de dudas ¿aguantará mi pobre hígado hasta que los presupuestos lo permitan? Pregunto, me informo, navego en la red y al final consigo un poco de calma, busco las respuestas que no me da mi médico, ¿qué puedo tomar? Fuera alcohol y grasas, vale ¿y algún remedio para mi cansancio? ¡Es que igual no es de la hepatitis ! ¿ A no ? ¿Y qué puedo hacer? Nada, igual el remedio es peor que la enfermedad, sigo esperando, con cara de boba, no entiendo nada, pero la resignación se vuelve rabia e indignación, ¿dónde queda el derecho a mi salud? Las respuestas mejor no saberlas pues la rabia no le conviene a mi hígado castigado.

Así que aprovecho la nueva lección que me da la vida para mejorar y vuelvo a mis pinceles, mientras pinto al menos me olvido de que estoy enferma de Hepatitis C y no siento mi cansancio; el tiempo va pasando y la medicación llegará un día y así dejo de sentir que , mientras espero, mi vida también se sienta a esperar.

Espero, espero, espero, no quiero olvidar que la esperanza es la luz que se ve al final de este túnel sin sentido en el que ando metida.

Makamen

El Port de la Selva, 31 de octubre de 2015

Última actualización: 1/11/15