Enfermedad del hígado graso no alcohólico y esteatohepatitis no alcohólica

La enfermedad del hígado graso no alcohólico (y su forma más grave, la esteatohepatitis no alcohólica) se refiere a la acumulación de grasa en el hígado en personas que no son grandes consumidoras de alcohol.

La enfermedad del hígado graso (que a menudo se relaciona con la obesidad y el síndrome metabólico) constituye actualmente la enfermedad hepática crónica más frecuente a escala mundial. Con el tiempo, la acumulación de grasa en el hígado y los procesos concomitantes de inflamación y generación de tejido cicatrizado (fibrosis y cirrosis) pueden interferir en la función hepática normal y conducir a la aparición de cáncer de hígado.

La enfermedad del hígado graso también está relacionada con un mayor riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares y, de hecho, las personas con enfermedad del hígado graso no alcohólico tienen una mayor probabilidad de fallecer por un problema cardiaco que hepático.

Las mujeres con esta dolencia presentaron un mayor riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares como dolor pectoral y fallo cardiaco, en comparación con las mujeres sin dicha enfermedad, y el riesgo fue similar al de los hombres con enfermedad del hígado graso no alcohólico, según las conclusiones de un estudio presentado en el Congreso de la Asociación Americana para el Estudio del Hígado (AASLD, en sus siglas en inglés), que tuvo lugar del 20 al 24 de octubre en Washington DC (EEUU).

El equipo de investigadores determinó que una mujer de 50 años con una enfermedad del hígado graso tenía, aproximadamente, el mismo riesgo cardiovascular que un hombre de 53 años con la misma dolencia, que un hombre de 58 años sin esta enfermedad o que una mujer de 67 años también sin la enfermedad.

El tratamiento de la acumulación de grasa en el hígado sigue siendo experimental y no está claro si los posibles tratamientos tendrán algún impacto sobre la salud a largo plazo de las personas con enfermedad del hígado graso no alcohólico o esteatohepatitis no alcohólica.

“Estos hallazgos muestran que el efecto protector normal del sexo femenino sobre el riesgo cardiovascular se pierde en las mujeres con enfermedad hepática grasa”, explicó Alina Allen, de la Clínica Mayo, en una conferencia de prensa de la AASLD.

Allen y sus colegas realizaron un estudio para evaluar el riesgo cardiovascular entre las mujeres con enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD, en sus siglas en inglés). Las mujeres (en la población general) tienen un 20% menos de riesgo de accidentes cardiovasculares que los hombres y experimentan ataques cardíacos unos cinco años después, según Allen, pero no se sabe si este es el caso para las personas con enfermedad del hígado graso.

Los investigadores evaluaron una cohorte comunitaria de adultos diagnosticados con hígado graso no alcohólico en Minnesota entre 1997 y 2014. Cada uno de los 3.869 individuos con enfermedad de hígado graso fue emparejado con múltiples personas de la misma edad y sexo en la población general de la misma comunidad, para un total de 15.209 sujetos de control.

Alrededor de la mitad de los participantes del estudio eran mujeres y la edad promedio fue de 53 años. Las mujeres y los hombres con enfermedad del hígado graso no alcohólico tenían más factores de riesgo cardiovascular al inicio del estudio que el grupo de la población general, incluido un mayor índice de masa corporal y tasas más altas de enfermedad cardíaca preexistente, diabetes y presión arterial alta.

Durante un período de seguimiento de hasta 20 años, los investigadores analizaron nuevos accidentes cardiovasculares que incluyen: angina (dolor en el pecho), infarto de miocardio (ataque cardíaco), insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y fibrilación auricular (un tipo de latido cardíaco irregular), comparando su probabilidad entre personas con enfermedad del hígado graso no alcohólico y el grupo de población general.

En el momento del diagnóstico de la enfermedad del hígado graso no alcohólico, las mujeres y los hombres con enfermedad del hígado graso tenían la misma probabilidad de tener un historial de dolor en el pecho, insuficiencia cardíaca y accidente cerebrovascular. Estas tasas fueron más altas que las de mujeres u hombres sin enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD, en sus siglas en inglés). Los hombres con NAFLD tuvieron más ataques cardíacos y fibrilación auricular que las mujeres con NAFLD, pero entre los hombres y las mujeres con NAFLD, estas tasas fueron más altas que las del mismo sexo en la población general.

En la población general, las mujeres tenían una probabilidad menor que los hombres de experimentar nuevos accidentes cardiovasculares durante el seguimiento. Entre las personas con NAFLD, sin embargo, las tasas de incidencia para mujeres y hombres fueron comparables. Del mismo modo, las mujeres y los hombres con hígado graso no alcohólico tienen la misma probabilidad de desarrollar diabetes o presión arterial alta si aún no la tienen, y es más probable que lo hagan que las personas de ambos sexos sin hígado graso no alcohólico.

Dentro de la población general, ser mujer disminuyó el riesgo de accidentes cardiovasculares en un 23%, o en un 26% después de controlar varios factores de riesgo cardiovascular. Para las mujeres y los hombres con enfermedad del hígado graso no alcohólico, la probabilidad era casi igual. Pero a pesar de la similitud en sus tasas de accidentes cardiovasculares, las mujeres con NAFLD tenían una tasa de supervivencia más alta que los hombres con NAFLD.

“Notamos que en sujetos con hígado graso no alcohólico, el riesgo de estos accidentes fue mayor en mujeres que en hombres, contrariamente a aquellos sin la enfermedad hepática”, indicó Allen en un comunicado de prensa en la AASLD. “En la enfermedad del hígado graso no alcohólico, el efecto protector del sexo femenino sobre el riesgo cardiovascular desaparece. Además, notamos que los accidentes cardiovasculares comenzaron a una edad más temprana para estas mujeres que en la población general”.

Con base en estos hallazgos, los investigadores sugirieron que la evaluación del riesgo cardiovascular en personas con enfermedad del hígado graso no alcohólico debe tener en cuenta las diferencias relacionadas con el sexo, ya que las mujeres con enfermedad hepática grasa pueden requerir medidas de prevención más agresivas, como pérdida de peso, una mejor dieta y más ejercicio o uso de aspirina o estatinas para evitar resultados cardiovasculares adversos.

Varias empresas farmacéuticas están desarrollando fármacos para tratar la esteatohepatitis no alcohólica. En El Encuentro del Hígado, la compañía Gilead Sciences presentó los resultados de fase 2 del fármaco GS-0976, un medicamento diseñado para interrumpir uno de los pasos en la conversión de carbohidratos en ácidos grasos en el hígado.

En el estudio de distribución aleatoria controlado con placebo se inscribieron personas con enfermedad del hígado graso no alcohólico que presentaban indicios de acumulación de grasa en dicho órgano y/o un estadio F1-F3 de fibrosis. El estudio evidenció que las personas que recibieron GS-0976 experimentaron unas reducciones significativas en los niveles de acumulación de grasa en el hígado y asimismo del grado de fibrosis. Sin embargo, la concentración de triglicéridos también aumentó de forma modesta en las personas que recibieron el medicamento y será necesario realizar un seguimiento más prolongado para poder determinar los efectos de estos cambios.

Referencias

Allen A. et al. Cardiovascular risk in NAFLD – not an equal opportunity: implications for women’s health. The Liver Meeting, abstract 55, 2017.

Loomba R et al. Acetyl-CoA carboxylase (ACC) inhibitor GS-0976 leads to significant improvements in MRI-PDFF in a phase 2, randomized, placebo-controlled trial of patients with NASH. The Liver Meeting, abstract LB-9, 2017.

 

Fuente: infohep.org (24/10/17)

Artículo traducido por ASSCAT

Última actualización: 23/11/17