La cirrosis por esteatohepatitis no alcohólica o por enfermedad del hígado graso podría ser hereditaria

Un estudio presentado estos días en el congreso de la Asociación Americana para el Estudio de Enfermedades Hepáticas en Boston sugiere realizar el cribado de enfermedad hepática en los familiares de primer grado de los diagnosticados.

En la Esteatohepatitis No Alcohólica (NASH, por sus siglas en inglés) se produce inflamación hepática por depósito de grasa y puede progresar a cirrosis. El depósito de grasa, denominado esteatosis hepática, suele tener mejor pronóstico. Estas enfermedades relacionadas con la grasa del hígado son motivo de numerosos estudios, ya que no tienen actualmente un tratamiento específico salvo hacer ejercicio y seguir una dieta equilibrada.

Según el Dr. Rohit Loomba, de la Universidad de California en San Diego, y otros médicos, los padres, hermanos o hijos de pacientes con cirrosis por enfermedad del hígado graso tenían un riesgo 12 veces mayor de desarrollar cirrosis que la población general.

El hallazgo, presentado en la reunión anual de la Asociación Americana para el Estudio de Enfermedades Hepáticas (AASLD, por sus siglas en inglés), surge de la investigación publicada en 2015 en Gastroenterology en la que el Dr. Loomba y sus colegas estudiaron la genética de la Cirrosis Hepática No Alcohólica en gemelos.

Ese estudio “demostró que la grasa del hígado era un rasgo hereditario y que se heredaba en el 50% de los casos”, dijo Loomba a los periodistas durante una rueda de prensa informativa en la Asociación Americana para el Estudio de Enfermedades Hepáticas. “Lo que no esperábamos era encontrarnos que la fibrosis hepática era un rasgo hereditario y que la herencia era del 50%”.

Esto llevó al Dr. Loomba y otros médicos a estudiar pacientes con cirrosis por enfermedad del hígado graso y a sus familiares de primer grado para detectar la existencia de fibrosis hepática avanzada.

Estudiaron a 26 de sus pacientes con Cirrosis Hepática No Alcohólica (NAFLD, por sus siglas en inglés), junto con 39 de sus familiares de primer grado, y los compararon con 69 pares de parientes de primer grado, ninguno de los cuales tenía cirrosis.

El grupo de investigadores realizó Resonancias Magnéticas y estudió la Densidad de los Protones en la Fracción de Grasa (MRI-PDFF, por sus siglas en inglés) para cuantificar así la esteatosis hepática. Además, mediante la elastografía por resonancia magnética fue posible medir la fibrosis hepática. Los 26 pacientes con cirrosis por enfermedad del hígado graso tenían una media de edad de 63 años y un Índice de Masa Corporal (IMC) promedio de 31,7 kg/m2, mientras que sus familiares de primer grado tenían una edad promedio de 48 años y un IMC promedio de 31 kg/m2.

Los miembros del grupo de control, formado por 69 personas sin evidencia de cirrosis y 69 de sus familiares de primer grado, de mediana edad, tenían un Índice de Masa Corporal (IMC) de 43,4 kg/m2 y 25,2 kg/m2, respectivamente.

Los investigadores observaron que la prevalencia de cirrosis en los familiares de primer grado de los pacientes cirróticos fue más de 12 veces mayor que en la población de control, es decir, del 18% en comparación con el 1,4%.

El Dr. Loomba declaró: “Ésta es una forma de buscar enfermedades ocultas en las familias. El riesgo (de tener cirrosis) es sustancial y ahora tenemos evidencias para comenzar la detección de cirrosis relacionada con el hígado graso avanzado si se tienen antecedentes familiares de cirrosis”.

“Para desarrollar una cirrosis, se necesita tener disposición genética”, añadió Loomba. “La prevalencia de la obesidad es extremadamente alta en los Estados Unidos y en todo el mundo, pero no todo el mundo con obesidad y enfermedad por hígado graso desarrolla cirrosis. Entonces, ¿por qué algunos pacientes que tienen obesidad y diabetes desarrollan cirrosis?”.

Informar a los pacientes sobre este riesgo debe ser algo más que dar consejos a la gente sobre la herencia de la cirrosis, considerando que el riesgo de desarrollar cáncer de hígado, o morir a causa de una enfermedad hepática, podría ser importante para las familias que tienen antecedentes de cirrosis de cualquier etiología, explicó el Dr. Loomba.

“Se trata de un hallazgo sorprendente”, comentó el Dr. Raymond Chung, director del Centro de Hepatología e Hígado en el Hospital General de Massachusetts en Boston. “Y podría conducir en un futuro a recomendar el examen de la familia de las personas diagnosticadas con cirrosis en relación con el hígado graso”.

“Pero esto lleva a una pregunta más amplia sobre la Cirrosis Hepática No Alcohólica (NAFLD, por sus siglas en inglés) en general”, señaló el Dr. Chung. “¿Deberíamos examinar a los miembros de la familia de alguien con Cirrosis Hepática No Alcohólica? Esto nos lleva a hablar de un 10 a un 30% de la población… y es poco factible desde el punto de vista de la asistencia sanitaria por su elevado coste”. Los estudios en este campo deberán continuar.

“Lo que el grupo del Dr. Loomba está tratando de hacer es reducir el espectro de aquellas personas que corren un riesgo especial, y la cirrosis es un buen punto para empezar”, dijo el Dr. Chung.

Traducción del artículo “NAFLD Cirrhosis Seems to Run in Families Study suggests screening liver disease patients’ first-degree relatives” publicado por Mike Bassett en MedPage Today – 13-11-16

 

Última actualización: 14/12/16